La vampiresa veneciana

Restos de la vampiresaEn 2009, un equipo de investigación de la Universidad de Florencia trabajaba en una fosa común de la isla veneciana de Lazzareto Nuovo, cuando se encontró con el cráneo de lo que podría haber sido una vampiresa del siglo XVI.

Lazzareto Nuovo es una isla muy pequeña situada en la laguna veneciana, a unos tres kilómetros de la ciudad. Desde el siglo XIV esta zona estuvo afectada por diversas plagas que obligaron a trasladar a los infectados a un lugar aislado para controlar la propagación de estas enfermedades. El arqueólogo Matteo Borrini y sus colegas de la Universidad de Florencia se encontraban en este lugar realizando una investigación al respecto cuando en una fosa común apareció un cráneo muy particular.

Se trataba del cráneo de una mujer fallecida en el siglo XVI, año en el que una importante plaga de peste negra azotó esta región italiana. Había sido arrojado en una fosa común con el resto de víctimas de la plaga, pero presentaba una peculiaridad: un enorme ladrillo le separaba las mandíbulas.

Hace varios siglos existía la creencia de que los vampiros se alimentaban de los muertos y eran los verdaderos responsables de que las plagas se extendieran. Transmitían la enfermedad y luego succionaban a los enfermos el resto de vida que les quedaba.

Gran parte de esta leyenda estaba alimentada por el hecho de que por aquella época no se tenían conocimientos científicos certeros acerca de cómo funcionaba la descomposición del cuerpo humano. Por eso, cuando se reabrían las tumbas comunes para meter más cadáveres y se encontraban cuerpos a los que les había crecido el cabello y las uñas, estaban hinchados o habían echado sangre por la boca, se creía que, en cierto modo, aún estaban vivos.

El ritual para acabar con estos vampiros que se alimentaban del último aliento de los vivos era quitarles la mortaja de la boca y sustituirla por un ladrillo, para que no pudiera volver a comer.

La “vampiresa venciana” es un ejemplo de cómo este ritual realmente se llevaba a cabo y de cómo la creencia de que los “comedores de mortajas” existían estaba muy arraigada a las sociedades europeas de la Edad Media. Posteriormente la literatura y el cine han convertido en mito estas creencias.

 

 

 

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