‘La vampira del Carrer Ponent’

La vampira de BarcelonaA comienzas del siglo XX, Enriqueta Martí sembró el pánico en las calles de Barcelona con el secuestro y asesinato de numerosos niños cuyos órganos utilizaba para hacer ‘pociones’.

El hallazgo de dos niñas secuestradas en su casa fue el detonante de las investigaciones. El caso de Enriqueta Martí Ripollés, una mujer rodeada de sombras y secretos, se convirtió en uno de los más populares de la prensa del momento, que terminó olvidándose de ella cuando otros acontecimientos más destacados como el hundimiento del Titanic o la Semana Trágica de Barcelona terminaron restándole importancia incluso a su muerte en prisión en circunstancias que no parecen del todo claras.

La cuestión es que semanas antes de que se descubriera las prácticas sangrientas, esotéricas y sexuales que Enriqueta Martí llevaba a cabo en su domicilio de la calle Ponent de Barcelona, una niña pequeña había desaparecido en la ciudad. Por entonces ya se hablaba de la desaparición de muchos niños pequeños en territorio nacional, en general niños de familias sin recursos que, en muchos casos, eran abandonados. A pesar de que la prensa alimentaba esta alarma social de vez en cuando, lanzando noticias escabrosas que no servían más que para extender rumores entre los vecinos más susceptibles, las autoridades se esforzaban en mantener la calma desmintiendo gran parte de estas informaciones. Pero el caso de Enriqueta Martí llegó a la prensa y su avance no se pudo detener.

Una vecina de la zona decidió llamar a la policía después de notar un comportamiento extraño de los tres niños que vivían en una casa cercana: dos niñas, una de ellas con la cabeza rapara y cuya cara le resultaba familiar, y un niño. Tímidamente se acercaban al cristal polvoriento de una ventana que se correspondía con el de aquella señora extraña que a menudo salía a mendigar por las calles de la ciudad.

Como la desaparición de Teresita –que así se llamaba la niña- era tan reciente, una brigada decidió presentarse en el domicilio de la mendiga argumentando que habían recibido varias denuncias de que tenía gallinas, por lo que debían registrar el domicilio. Durante el registro no encontraron nada extraño, pero las dos niñas estuvieron presentes. La de la cabeza rapada tenía un razonable parecido con la desaparecida Teresita, y se le preguntó: “Niña, ¿cómo te llamas?”, a lo que respondió: “Felicidad”. “¿Y no te llamas Teresita?”. “Aquí me llaman Felicidad”, dijo la pequeña.

Ya en la comisaría, la propietaria del piso fue identificada como Enriqueta Martín Ripollés, de 43 años de edad y con antecedentes por corrupción de menores. Había regentado un burdel con niños de entre 5 y 16 años de edad al que acudían, según los rumores, no solo lo más bajo de la sociedad, sino personas pertenecientes a las altas esferas de la vida política, económica y cultural de Barcelona.

Se cree que fue entonces cuando Enriqueta comenzó a utilizar a los niños no solo para prostituirlos –tal como había hecho ella misma desde los 20 años- sino para extraer partes de sus cuerpos –sangre, grasa y huesos- con los que elaborar ‘pociones’ que habrían de servirle para curar enfermedades -entre ellas, la tuberculosis, tan extendida por aquella época-. El interrogatorio a las dos niñas encontradas en el piso –Felicidad y Angelita, que la detenida había reconocido como hija propia, aunque no era cierto- fue decisivo en el esclarecimiento de los hechos y el ingreso en prisión de la que, a partir de entonces fue conocida como ‘La vampira del Carrer Ponent’.

Enriqueta había declarado que el niño que los vecinos habían visto asomarse a la ventana de su casa se lo habían dejado para que lo cuidara, pero que como había enfermado, se lo habá llevado a una casa en el campo, lejos de la ciudad. Angelita, sin embargo, declaró que una noche había visto a su madre con el niño en la cocina, con un cuchillo que luego ella y su hermana encontraron en un saco negro, con ropa ensangrentada, en esa zona de la casa a la que su supuesta ‘madre’ les tenía prohibido acceder.

El domicilio de Enriqueta estaba lleno de secretos. Fue necesario un nuevo registro mucho más exhaustivo para encontrar dicho lugar, así como una habitación elegantemente decorada en la que se encontró correspondencia cifrada, firmada con iniciales y seudónimos, un cuaderno de complicadas pócimas y una lista de presuntos clientes de la ‘hechicera’. También se localizaron en otros lugares restos de huesos y pócimas envasadas que contenían órganos humanos, sangre y grasa corporal pertenecientes a las víctimas de ‘la vampira’.

Enriqueta terminó reconociendo que era una ‘hechicera’ y que recibía encargos de personas muy conocidas en la ciudad. Se le imputó el secreto y asesinato de al menos diez niños e ingresó en prisión mientras la prensa publicaba su historia por entregas, al estilo del folletín. Durante muchas semanas, las informaciones filtradas a los periódicos y los nuevos testimonios de los familiares de los niños desaparecidos ocuparon las principales páginas de los diarios y convirtieron a Felicidad –identificada ya como Teresita- y Angelita, en dos mediáticas supervivientes de los crímenes más atroces cometidos en Barcelona.

Ya en prisión, y tras un intento de suicidio, Enriqueta Martí fue sometida a vigilancia para evitar que muriera antes de ser juzgada. Pero el tiempo pasaba y las novedades sobre el caso se agotaban dejando paso a otros temas de mayor actualidad e interés. ‘La vampira del Carrer Ponent’ fue desapareciendo de los diarios y cuando su historia estaba prácticamente olvidada, apareció muerta en prisión tras recibir una paliza de sus compañeras. Se rumoreaba, sin embargo, que Enriqueta Martí Ripollés ya estaba muerta antes de recibir los golpes y que alguien le había suministrado un veneno para hacerla callar para siempre antes de que se descubrieran más datos acerca de sus ‘negocios’ con la alta sociedad barcelonesa.

 

 

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