La ‘Tasa Tobin’ en un armario

Carlos Castañosa

Crisis, Recortes, Recesión, Reformas, Paro, Déficit, Deuda, Rescate, Eurozona, Prima de riesgo, Señora Merkel, Argentina, Bolivia… Cierto es que en los últimos tiempos da “pampurrias” abrir el periódico, poner los noticiarios de la tele o escuchar tertulias radiofónicas.

Abundan las desgracias de tipo accidentes de tráfico, violencia de género, atentados en Afganistán, masacres en Siria o catástrofes naturales. Pero para terminar de deprimir el ánimo ciudadano, el desastre de la Economía en manos políticas redondea un paisaje informativo de desolación, ruina y desespero para una población resignada y reprimida por la fuerza totalitaria del Poder Financiero, que cuenta con un vivero de sicarios bien pagados en determinados sectores públicos.

¿Por qué se esconde en la oscuridad de un armario bajo siete llaves la “Tasa Tobin”? ¿En qué medida  se sabe de su existencia y cuánta gente la conoce?

¿Qué es la Tasa Tobin?

En un principio fue la propuesta de un pequeño impuesto sobre los flujos de divisas para dificultar los movimientos especulativos. Redactada por el premio Nobel de Economía, 1981,  James Tobin, en un exquisito estudio, preconizaba la excelencia de dicho gravamen aplicado exclusivamente al mercado de divisas. Concepto que, una década después, sería ampliable como posible medida impositiva  sobre la totalidad de las Transacciones Financieras Internacionales (compra-venta de bonos o de contratos sobre derivados financieros). ¡Solo era un  0,1%  el  impuesto sobre las transacciones! Pero a nivel mundial representaría una recaudación de 166.000 millones $.

¿A quiénes interesa mantener oculto este conocimiento?  Es evidente que los Mercados, desplegando todo su poder de manipulación espuria, siguen destrozando globalizadamente, no solo los problemas de pobreza en el tercer mundo, o el desarrollo racional de los emergentes, sino el pretendido estado de bienestar de los países alineados  en la trinchera  de nuestro entorno supuestamente democrático.

En las energías sociales y sus movimientos de defensa por los derechos fundamentales está el único remedio para contrarrestar la penuria de una gestión política que nos está empujando peligrosamente hacia el precipicio.

El insigne economista Ignacio Ramonet propone tres medidas elementales para salvar la Globalización desde la propia Globalización:

  • Erradicar los paraísos fiscales.
  • Fiscalidad de las rentas de capital equiparada  a las rentas de trabajo.
  • Y aplicación de la Tasa Tobin a todos los movimientos financieros.

Es decir, se dejaría de penalizar a quienes menos culpa tienen de esta maldita crisis, y nos salvaríamos todos de caer en el inminente e inevitable precipicio, incluidos los “tiburones”  que, renunciando a sus habilidades especulativas, se librarían también ellos de ser  arrastrados con el resto.

La simplicidad del planteamiento apenas requiere un mínimo de voluntad política, apoyada por el empuje de una Sociedad en movimiento, con la única condición de la Globalización sin ambages; pues en el origen de todos los males presentes, mundializados por una actualidad incuestionable e irreversible, están precisamente las soluciones y la salvación global. Bien claro que un solo estado no podría asumir aisladamente dicha filosofía humanística en términos económicos.

¿Por qué no empezar de abajo arriba, con la Tasa Tobin? Colaborar con los pocos países que apoyan la idea e intentar captar la  voluntad y buena fe del resto,  sería un buen principio para un itinerario jalonado de valores éticos.

Ref.: ATTAC  (Acción por una Tasa Tobin de Ayuda a los Ciudadanos)

Al final todo se soluciona. Y si no se soluciona, es que no se ha llegado al final” (anónimo).

 

 

 

 

Carlos Castañosa

http://elrincondelbonzo.blogspot.com/

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