‘La sombra de los otros’

La sombra de los otros

Thriller de los que saben acelerar las pulsaciones pero que acaban desinflándose si el espectador empieza a hacerse preguntas.

Durante casi dos horas, La sombra de los otros es capaz de mantener al espectador en tensión sin apenas altibajos. Y es que cada avance en las investigaciones de la psiquiatra forense Cara Harding –Juliane Moore, Un hombre soltero, Chloe- abre nuevas y sorprendentes expectativas. Lamentablemente, ninguna de ellas se cumple.

Y es que La sombra de los otros es una más de esas películas de thriller psiquiátrico-demoníaco que, aunque es capaz de prender la llama de la curiosidad, al final se queda sin oxigeno y se apaga en sus propias incongruencias. La propuesta de los suecos Måns Mårlind y Björn SteinStorm, Underworld: el despertar- se excede en lo sobrenatural para contar una historia que desde lo mundano hubiera sido mucho más interesante.

Cara Harding se enfrenta a uno de los mayores retos de su trayectoria como psiquiatra forense: un paciente – Jonathan Rhys Meyers, Albert Nobbs, Los niños de Huang Shi– que presenta un cuadro de los que aparentemente parece ser un desorden de personalidad múltiple. Sin embargo, el diagnóstico de Harding se complica cuando encuentra una relación entre todas las identidades que asume su paciente: se trata de personas asesinadas.

El argumento es atractivo y la puesta en escena también. Hay planos en los que los que la película parece sumergirnos en los laberintos de la mente del paciente, como si pudiéramos hacer el mismo viaje interior que intenta realizar la psiquiatra para encontrar una explicación lógica a la situación a la que se enfrenta. Pero no hay explicaciones lógicas para ello –y eso tiene un pase-, y lo peor es que tampoco hay una justificación verosímil de los hechos –y eso sí es criticable-.

Así que La sombra de los otros se queda a mitad de lo que podría haber sido un buen thriller –que en muchos aspectos recuerda un poco al Fallen protagonizado por Denzel Washington- termina convertida en una película de algo parecido al terror, pero con demasiados agujeros como para causar verdadero miedo. Aunque, para ser justos, el último plano me dejó un poco tocada…

 

 

Celina Ranz Santana

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.