La realidad católica que protege el Estado Español

Debería de sorprender que en un Estado que se manifiesta laico en su constitución, el poder eclesiástico atente contra las leyes que se suponen característica de dicho estado en los tiempos que corren.

Sin embargo, las leyes de igualdad y las vigentes sobre homosexualidad o aborto, no parecen afectar al discurso católico español, que se erige por encima de la Ley para atentar continuamente contra esta legislación, pretendiendo imponer y adoctrinar desde las consideraciones medievales que aún mantiene su movimiento religioso fracasado.

Son de risa los intentos de los párrocos por mostrar empatía y robar como si fuesen propios del catolicismo los valores sociales que ya asumió nuestra sociedad y chocan radicalmente con los que bajan verticalmente de ese cielo que no tiene más altura que la máxima del Vaticano. Porque la realidad es que los que viven en pareja y no se han casado por la iglesia “viven en pecado”, que los que defienden la libre elección del aborto y su inclusión en los servicios de la Seguridad Social son “asesinos” y, ahora, “la mujer tiene que encontrar la felicidad en la sumisión total al marido”. Desde una visión igualitaria ¿se atreverían a decir que el marido tiene que ser sumiso a la mujer?

Me siento más ajeno a esa religión cutre, llena de falsedades y sostenida sobre mentiras, que ella a mí. Yo pedí la consideración de apóstata en el Obispado de Tenerife hace ahora diez años y exigiendo que se hiciera figurar en un margen de la partida de nacimiento que hay en su poder, sin que lo hayan llevado a cabo aún. Yo conservo mi copia con registro de entrada. Ellos, por no tener, está claro que no tienen ni vergüenza.

Lo que me resulta más chocante es el caso de España y su laicidad. Su falta de actuación ante el poder de la iglesia católica y la incultura que reparten entre el pueblo llano. Cuando ni siquiera se actúa de oficio desde el Poder Judicial, ni se oyen críticas o acciones desde ningún sector político, aunque se atente continuamente contra su Carta Magna, contra la Constitución Española, que en ocasiones se pretende que “cayó del cielo escrita en piedra” y en éstas se desvalora por los poderes del propio Estado, desde el silencio y la complicidad de “el que calla otorga”. Lo cierto es que si al Dios cristiano se le ocurre volver a la tierra, encontrará su paraíso lleno de cuidadas manzanas entre la corrupción italiana o, como aeropuerto alternativo siempre le quedará esta españa medieval.

Y no se sorprendan si, ni en ese entonces ni ahora, los que esgrimimos valores morales distantes de los parroquiales, seguimos sin “tener cuernos ni rabo” y sin comulgar con los atentados católicos y tanto mal que reparten impunemente y sus crueles interpretaciones, hechas solo para denigrar y limitar las libertades personales. Y por supuesto, seguimos criticando la edición de “Cásate y sé sumisa” del Arzobispado de Granada, aún sin leerla.

Pedro González Cánovas

Miembro de ANC

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