La primera murga

Ni fu ni faAlberto Cartagena

Continuamos repasando la historia de las murgas canarias.

Pese a las experiencias “pre-murgueras” que ya hemos visto, el hito que originó lo que actualmente conocemos como murga tuvo lugar durante el Carnaval de 1917 en Sta. Cruz de Tenerife.

En aquel momento existía la certeza de que submarinos alemanes, enzarzados en la I Guerra Mundial, operaban cerca de nuestras costas. Por ello, un cañonero de la Armada Española llamado “Laya” fue enviado al puerto de la capital chicharrera para que vigilara las aguas canarias. Se daba la circunstancia de que la mayoría de los marineros eran gaditanos, por lo que a la primera oportunidad que tuvieron de disfrutar del Carnaval de la ciudad, no dudaron en formar una chirigota y unirse a la Fiesta. Según parece, pidieron permiso a sus oficiales para formar la agrupación, buscaron el mejor rincón del barco para convertirlo en local de ensayos y pidieron ayuda a la Juventud Republicana para confeccionar tambores, clarinetes, flautas y bombardinos de cartón. Las penurias económicas hicieron que no presentasen un disfraz común, sino que cada uno se vistió con lo que pudo de la manera más estrafalaria posible. De hecho, algunos tuvieron que recurrir a lucir sus chaquetas del revés (¿quién decía que estamos en crisis?). Para maquillarse usaron un tapón de corcho ahumado, con el que se pintaron patillas, bigote y perilla (algo probablemente más recomendable para la piel que usar las pinturas de “todo a 1 euro” que la mayoría tenemos hoy en casa).

Lo cierto es que la ocurrencia de los marineritos del “Laya” cayó muy bien en Sta. Cruz. De hecho, la prensa de la época señaló su participación como uno de los elementos más destacados del Carnaval de aquel año. Aunque no se tiene la certeza, se cree que la chirigota participó al menos un año más en la Fiesta, alegrando las calles con sus letras de contenido picante. De hecho, el historiador del Carnaval Ramón Guimerá encontró un librito-cancionero que con el nombre de “Comparsa Los Delicados” se atribuye al segundo año en la fiesta de esta agrupación. El cambio de nombre podría responder a la costumbre de las chirigotas gaditanas de cambiar de denominación cada año. En él podemos encontrar letras que repasan la actualidad del momento e incluso cierto “olorcillo” a temática sobre el pleito insular.

En cualquier caso, corresponda o no este cancionero a la primera murga de la historia, la contribución más importante de los marineros del “Laya” ya estaba hecha: enseñarle el camino a todas las agrupaciones que la siguieron y que acabaron dándole forma a la murga canaria.

 

Alberto Cartagena

 

 

 

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