La pila de Bagdad

Dibujo de la pila de Bagdad¿Se conocía la electricidad en la antigua Mesopotamia?

Desde que durante unas excavaciones llevadas a cabo en 1936 en una aldea al sureste de Bagdad se descubrieran estos extraños recipientes de arcilla, los investigadores no se han puesto de acuerdo acerca del uso al que estaban destinados.

Wilhelm König, arqueólogo alemán a cargo del Laboratorio del Museo Estatal de Bagdad, fue uno de los primeros en analizar el hallazgo –en 1939- y el primero en plantear la hipótesis de que, por sorprendente que pareciera, aquellos jarrones podrían ser una especie de baterías eléctricas fabricadas hacia el 200 d. de C.

Los recipientes están fabricados en arcilla y son de color claro. Tienen forma de jarrón, de aproximadamente unos 14 centímetros de alto por 4 de diámetro. Pero lo más curioso se escondía en su interior, donde albergaba un cilindro de cobre de unos 9 centímetros de alto en el que a su vez se alojaba una vara de hierro que, una vez colocada, sobresalía casi un centímetro por encima del jarrón.

Köning probó a introducir en su interior un electrolito –una sustancia capaz de conducir la electricidad, en este caso, sulfato de cobre-, descubriendo que el jarrón adquiría el comportamiento de una pila similar a las modernas, capaz de producir una diferencia potencial de 1,5 V. Pero a pesar de que el arqueólogo lo describió como un hallazgo revolucionario, no tardaría en recibir críticas escépticas acerca de este descubrimiento.

La teoría de Köning era que las vasijas podrían haber sido conectadas unas a otras para generar un mayor voltaje. Sin embargo, nunca aportó pruebas de que en Mesopotamia se utilizaran electrolitos y se conociera que el uso de estos entre cualquier pareja de metales diferentes genera un flujo eléctrico. Y es que, incluso en el caso de haber conocido la electricidad hace ya más de dos mil años, ¿qué aplicaciones prácticas le dieron?

Köning –y algunos de sus seguidores- fue de la opinión de que las vasijas podrían haberse utilizado para galvanizar objetos con oro y plata. Incluso el ingeniero Willard Gray intentó demostrar que el proceso era posible en cuestión de horas utilizando únicamente zumo de uva como electrolito. El afán de convertir las vasijas de Bagdad en baterías eléctricas hizo que se extendiera la falsa creencia de que el experimento fue un éxito, pero lo cierto es que está demostrado que para poder concluir el proceso de galvanización de una estatua pequeña de plata con estas ‘pilas’, harían falta entre 20 y 30 días de trabajo continuo.

Por otro lado, la teoría de que las ‘baterías’ podían conectarse entre sí tampoco llegó a sustentarse nunca sobre una prueba sólida, y no se han encontrado restos de ninguna pieza metálica con la suficiente longitud como para unir las vasijas y transmitir esa corriente eléctrica. Además, en caso de ser sometidos a estos procesos, las barras de hierro del interior de las vasijas habrían tenido una vida media de un año, por lo que en ningún caso podrían haber llegado intactas hasta la actualidad.

Las pilas de Bagdad no dejan de ser un enigma por su diseño y el desconocimiento del uso que se les dio, pero la hipótesis de que fueran baterías eléctricas parece más cercana al mito que a la realidad. Desgraciadamente, durante la invasión estadounidense a Irak en 2003, el museo en el que se encontraban fue saqueado y destruido, y si las vasijas no fueron protegidas por el Gobierno irakí, es posible que formen parte del mercado negro de antigüedades.

 

 

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