La novela inacabada de Charles Dickens

Charles Dickens“Hay cuerdas en el corazón humano que sería mejor no hacerlas vibrar”

Se decía de él que escribía sin un guión predeterminado, dejando que la imaginación fluyera y le condujera entre claros y sombra hacia la resolución de la trama. Pero en El misterio de Edwin Drood -una compleja novela policial- el escritor se había vuelto más riguroso con la intención de crear una obra repleta de intrigas con un desenlace sorprendente. Pero la muerte le sobrevino antes de que pudiera acabarla.

 

Como era costumbre, El misterio de Edwin Drood comenzó a publicarse por entregas antes de que Charles Dickens hubiera puesto punto final a la novela. El 9 de julio de 1890, el escritor sufrió un síncope en su casa de Gad’s Hill Place, donde había transcurrido su infancia. Tenía 59 años y una salud un tanto delicada -a raíz de que sufriera un accidente de ferrocarril- que le impidió recuperarse.

La repentina muerte del escritor obligó a poner punto final a su primera novela policial -la decimonovena en toda su trayectoria literaria- cuando sólo e habían publicado tres de las doce entregas que la componían. Dickens sólo había escrito las primeras seis partes, sin dejar anotación ninguna acerca de como iba a evolucionar en argumento o hacía qué conclusión final debía precipitarse.

La novela estaba siendo un éxito. Dickens había enganchado a los lectores con una trama bien construida en la que se intentaba dilucidar cuáles habían sido las causas de la muerte del protagonista y, más importante aún, quién había sido el autor del crimen. A día de hoy, y con la información con la que se cuenta, se estima que de lo personajes que hasta el momento había creado Dickens, tres de ellos podrían haber sido autores del crimen. El problema es que al escritor le gustaban los personajes complejos y los giros inesperados de la trama, por lo que jamás podrá saberse a ciencia cierta quién fue el asesino, ya que incluso éste podría no haber aparecido aún en ninguna de las seis entregas que tenía preparadas el autor.

En cuanto al argumento de la novela, cuenta la historia de John Jasper, un profesor de música que está enamorado de una alumna, Rosa Bud, que a su vez está prometida con un Edwin Drood. Inesperadamente, Edwin y Rosa rompen su compromiso y él desaparece sin dejar ni rastro, dejando tras de sí un reloj y un broche de corbata a orillas del río que atraviesa el pueblo, por lo que se cree que está muerto -o que ha sido asesinado-, si bien nunca llega a encontrarse el cadáver.

Son muchos los escritores que quisieron sacar partido del tirón que había tenido la novela intentando darle un final coherente, pero ninguno de ellos estuvo a la altura de lo que había escrito Dickens. Ninguno excepto uno, que fue escrito -según declaraciones del propio autor, Thomas P. James- siguiendo la técnica de la ‘escritura automática’ en base a lo que el espíritu del verdadero autor de la novela le iba dictando, algo que solía sucederle al propio Dickens, que en más de una ocasión se había referido a las voces que le susurraban los argumentos de sus historias mientras dormitaba en su sillón. Lo más curioso del caso es que, de entre todas la versiones que ha habido del final de El misterio de Edwin Rood, la de Thoma P. James -mecánico de profesión- es, según los estudiosos de Dickens, la que más se ajusta al estilo del escritor británico.

Con todo, Dickens dejó la que sería su primera novela policial -y una gran obra dentro del género, sin duda- en un punto complicado de retomar: “La señora Tope había preparado un excelente y copioso almuerzo para su huésped. Éste, antes de sentarse a la mesa, abrió su alacena del rincón, tomó el trozo de tiza del estante y añadió a su lista un grueso trazo que iba desde el extremo superior de la puerta hasta abajo.: después, empezó a comer con buen apetito”.

 

 

 

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