La noche que no paró de llover

La noche que no paró de llover

La noche que no paró de llover

La culpa y el engaño diseccionados desde una triple perspectiva

‘La marquesa’, sobrenombre con el que conocen a Valeria Santaclara, es una mujer octogenaria que vive en una residencia de ancianos y que porta consigo un misterioso sobre en el que su hermana Gadea únicamente dejó escritas las palabras ‘El perdón’ cuando se lo entregó, justo antes de morir, hace ya 18 años. La noche que no paró de llover es el tránsito hacia el interior de ese sobre, sin ni siquiera abrirlo, a través de los recuerdos de Valeria, conducida por la psicóloga Laia Vallverdú en un viaje a un pasado repleto de fantasmas, temores y silencios.

Las sesiones de terapia semanales de Laia y Valeria irán desvelando el contenido de ‘El perdón’ pero también irán revelando los problemas de Laia y su obsesión por convertirse en madre en compañía de otra mujer que acaba de divorciarse y cuya familia todavía desconoce su condición homosexual.

Feli, el tercer pilar de La noche que no paró de llover

A las historias de Laia y Valeria que en un principio parecen acaparar la trama principal de La noche que no paró de llover, una la novela firmada por Laura Castañón (Dejar las cosas en sus días, 2013), se le suma una tercera línea argumental. Es la protagonizada por la joven Feli, una empleada de la limpieza que se encarga de tener siempre a punto las dos habitaciones que ocupa ‘La Marquesa’ en la residencia para ancianos.

A través de este personaje accedemos a un punto de vista totalmente diferente de la realidad. Un día a día lleno de complicaciones, una historia familiar compleja y un sueño que cada vez se le antoja más lejano: convertirse en escritora.

Varias voces femeninas para completar el relato de una historia en el que de alguna manera todas buscan la manera de reconciliarse con su pasado para poder enfrentarse al presente y al futuro.

 

 

El Ilustrador

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