La mirada indiscreta

ObservarLos seres humanos poseemos un nivel de percepción muy superior al que conocemos. No se trata únicamente de un sexto sentido sino de una capacidad demostrable de que podemos intuir si alguien nos está observando.

El estudio de fenómenos anómalos en el campo de la psicología de la percepción es algo que desde hace muchas décadas ha atraído a los investigadores. Tal vez por las características específicas de su estudio, así como por la cercanía en el tiempo, uno de los trabajos más curiosos es el que el británico Rupert Sheldrake -investigador de la Universidad de Cambridge- empezó a realizar en 1993 con el objetivo de demostrar científicamente el alcance de la percepción humana. Así que congregó a más de un centenar de personas en un auditorio y eligió de entre todas ellas a cuatro voluntarios que se sentarían en el escenario de espaldas al público. Cada uno de estos individuos estaba en una silla que llevaba escrito su nombre de tal manera que cuando Sheldrake levantara una cartulina con uno de aquellos nombres, todo el auditorio tenía que dirigir su mirada al individuo en cuestión. Con esta macroencuesta el investigador demostró que en ocho de cada diez casos el individuo era capaz de notar que las miradas se dirigían hacia él.

Animado por los sorprendentes resultados que había obtenido, Sheldrake ideó otra serie de experimentos, por ejemplo, el que comúnmente aparece en las películas policíacas cuando el protagonista está en medio de un interrogatorio. En este caso, un sesenta por ciento de las personas que se sometieron a la prueba fueron capaces de determinar si al otro lado del espejo de la habitación había alguien observando cada uno de sus movimientos. Los mismos resultados porcentuales se obtuvieron cuando el experimento se trasladó a la calle y los sujetos eran espiados desde la distancia, a través de unos prismáticos, y el índice de aciertos aumentó al noventa por ciento cuando de entre toda la muestra se seleccionó a los sujetos especialmente perceptivos.

Casi una década después de que se iniciaran estos experimentos, y con el fin de plantear un estudio todavía más amplio, intervinieron en los estudios de Sheldrake el doctor Stepahn Schmidt y otros tres colegas y se diseñó un estudio con una muestra de mil sujetos. El grupo se subdividió en dos unidades, la A, que caminaría libremente por un amplio espacio y el B, que vigilaría los movimientos del otro a través de cámaras de vigilancia. Un sesenta por ciento de las veces, los sujetos que espiados acertaron que alguien les estaba siguiendo de cerca, aunque sólo fuera virtualmente, a través de una cámara. Pero además, colocando sensores en el cuerpo de estos sujetos se determinó que los niveles de electricidad estática en la piel de estas personas se incrementaban notablemente cuando eran observados y se determinó que gran parte de la intuición de estos sujetos derivaba de estos cambios a nivel físico.

 

 

 

 

 

 

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