La Mesa del rey Salomón

El Rey SalomónLa realidad y el mito son dos aspectos que se confunden muy fácilmente a la hora de hablar sobre el que fuera el rey más sabio y ecuánime de Israel nueve siglos antes del nacimiento de Cristo. Escondido bajo el aspecto de un jeroglífico, el rey Salomón guardaba el secreto del nombre de Dios y el poder que aquel conocimiento podía transmitir.

 

Fue vista por última vez en Toledo, tras haber sido reclamada por Amalarico, rey visigodo. Sin embargo, ni siquiera las crónicas de la época coinciden acerca del aspecto que pudo tener la famosa mesa, por lo que incluso su existencia se ha cuestionado como un mito de la Historia.

Para empezar, se habla tanto de ‘mesa’ como de ‘espejo’ o ‘tabla’, si bien, en cualquier caso, se trata de una superficie sobre la que el rey Salomón escribió el secreto de la creación del Universo, en el que se hacía constar cuál era el verdadero nombre de Dios. Este nombre estaría ‘oculto’ entre la decoración de este objeto, escrito en jeroglífico porque su mera pronunciación solo podía efectuarse con fines creadores y otorgaba a las personas un conocimiento infinito acerca del Universo y sus misterios -algo demasiado peligroso como para que cualquiera pudiera acceder a él-. Por este motivo, la mesa tenía que permanecer oculta, ya que el día que fuera encontrada podría determinar el inicio del fin.

Algunas crónicas describen este objeto como una gran mesa de 365 patas y fabricada en una sola pieza de esmeralda verde. Pero también se habla de incrustaciones de plata y perlas, aunque al parecer el propio Salomón únicamente señaló el oro como material utilizado en su fabricación.

Durante muchos siglos, la Mesa tuvo que ser rescatada por los sacerdotes que la custodiaban de los incesantes ataques y saqueos. Esto implicó que la Mesa circulara de Jerusalén a Roma, luego a Carcasona y a Rávena y finalmente desde Barcelona a Toledo, donde se le pierde la pista.

A partir de este momento, las leyendas pasan a ocupar un papel protagonista en el verdadero destino que tuvo esta misteriosa Mesa. Pero todo apunta a que el preciado objeto se quedó en territorio peninsular, si bien el secreto de su paradero se lo disputan varias localizaciones: la ‘Cueva de Hércules’ en Toledo, Medinaceli , Alcalá o Jaén.

 

 

 

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