La máquina Andrómeda

La máquina andrómeda

Año 1924: el departamento de investigación de los nazis lleva tiempo trabajando en el diseño de sofisticadas máquinas voladoras y de una enorme estación espacial, la Máquina Andrómeda, cuya puesta en funcionamiento pudo haber creado un ‘agujero de gusano’.

Nos situamos en el contexto del pre-nazismo, entre los años 1918 y 1924, en un período en el que comenzaba a gestarse el nuevo espíri tu pangermanista. Habían surgido por entonces diferentes órdenes, algunas con un marcado tinte esotérico, que ya defendían la pureza de la raza aria, como hacían otros muchos grupos de la época, cada uno con sus particularidades.
Una de éstas órdenes, con un marcado acento feminista, era la de ‘Las hermanas de la luz’. Algunas de las integrantes de este grupo aseguraron, durante un congreso pangermano, haber recibido unos documentos de origen desconocido, aparentemente escritos en sumerio y, al parecer, procedentes de la estrella Aldebarán.

Victor Schauberger, participante en esta reunión, era un científico muy reconocido en la época y, tras analizar los documentos, deduce que los textos hacen referencia a la construcción de una máquina. Con ayuda de otro científico, Rudolf Shriever, especializado en energías renovables, se pondrán en marcha para diseñar estos aparatos. Años después , y llamados por Hitler, comienzan a trabajar en una sociedad secreta para el desarrollo de estos proyectos. Hasta la década de los 30 no empezarían a aparecer los primeros prototipos.

Schiever y Schauberger diseñan una especie de platillos volantes y, al parecer –aunque nunca llegó a contrastarse esta información-, realizan con éxito algunos vuelos de prueba. El objetivo, a partir de entonces, se fija más allá de la atmósfera terrestre e incluso del Sistema Solar. A partir de 1938 se comienza la fabricación de naves más grandes, de tipo discoidal, cuyo primer prototipo habría estado en marcha en agosto de 1939, antes de que estallara la II Guerra Mundial.

Todos estos trabajos servirían como prece dente para un proyecto todavía más curioso: una estación orbital en la que pudieran aterrizar estas naves. Era el ‘Proyecto Máquina de Andrómeda’, un diseño que se basaba en los supu estos contactos establecidos con otras civilizaciones: la máquina de vuelo del otro mundo. En el desarrollo de estas investigaciones era imprescindible la intervención de las médium de ‘Las hermanas de la luz’ porque eran ellas las que se encargaban de transmitir la información que recibían. Hay quien argumenta que éste paso era solo una manera de justificar las grandes cantidades de dinero que se invirtieron en estos experimentos cuya base científica era más sólida de lo que se pensaba. Realmente conocían esas técnicas, pero necesitaban profundizar más y cubrirse las espaldas en caso de que no funcionara aquello en lo que estaban trabajando: de esta manera, siempre podían echarle la culpa a un fallo en las conexiones entre las médium y la fuente de información. Por eso hay que entender en desarrollo de la Máquina Andrómeda en un contexto en el que lo esotérico tenía una especial relevancia, no solo en lo social sino, como se ha demostrado, en el propio arte de la guerra.

A partir de 1922, y de forma paralela al diseño de prototipos voladores, ya había comenzado a desarrollarse la Máquina Andrómeda: tres discos paralelos atravesados por una especie de péndulo que debían cargarse por electromagnetismo para conseguir su estabilidad en el aire. Sin embargo, parece que la máquina fue desmontada unos años después y trasladada a otros almacenes: estaban convencidos de que habían encontrado un ‘agujero de gusano’ una comunicación a otro punto del Universo. La intensidad de los campos magnéticos tras las primeras pruebas de la máquina había generado ‘algo’ desconocido que dentro del proyecto recibió el nombre de ‘agujero blanco’. Sin embargo, no se consiguió demostrar nada de esto y no se supo más de los que participaron en estos experimentos: murieron, desaparecieron o continuaron con una carrera científica poco relevante, y siempre quedó la duda, no solo de si los nazis habían creado un punto de conexión Universos, sino si, además, llegaron a probarlo.

 

 

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