La Mansión Clingstone

La mansión ClingstoneOlvídese de los vecinos molestos.

No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que lo que J.S. Lovering Wharton quería era, ante todo, tranquilidad. No le bastaba con vivir en un pueblo pequeño, de pocos vecinos, o incluso en un pueblo deshabitado en el que no tuviera que cruzarse con nadie. Tenían que vivir en mitad de a nada, rodeados de agua y silencio.

Por eso, en 1905 mandó construir esta mansión en un peñasco solitario frente a la costa de Rhode Island, en Estados Unidos. Se trata una mansión perfectamente equipada con todas las comodidades que se pueden esperar de una construcción de este tipo y la particularidad de estar erigida sobre un islote en el que no hay espacio para más. Allí, junto a su esposa, pasó Lovering Wharton todos sus veranos hasta 1938, año en el que falleció, poco antes de la llegada de un huracán que destruyó parte de la zona y al que, sorprendentemente, la casa sobrevivió. La viuda de Wharton mantuvo la propiedad habitable hasta su muerte, en 1941, y dos décadas después un matrimonio de arquitectos se enamoró de la construcción y decidió adquirirla por tan solo 3.600 dólares.

En 1961, Henry Wood -pariente lejano de Lovering Wharton- y su ex esposa, compraron y acondicionaron la mansión Clingstone y desde entonces Henry -que ya es octogenario- reside en ella y presume de un hogar extremadamente tranquilo en el que no le molestan ni los peces.

 

 

 

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