‘La invención de Hugo’

La invención de HugoTodos somos piezas importantes en el engranaje del mundo.

 Echaba en falta una de estas películas contra el ‘desasosiego’. Una aventura ficticia, entre infantil y adulta, en la que la fantasía saliera al rescate de los manidos argumentos de la madurez. Y La invención de Hugo fue el antídoto que andaba buscando.

Para empezar, porque me gustan los símbolos y el mundo creado por ScorseseShutter Island, Infiltrados– es tanto lo que se ve como lo que no se ve. La invención de Hugo es una ilusión, una burbuja de tiempo suspendida en el París romántico de las fotografías color sepia. Su protagonista –Asa Butterfield, El niño con el pijama de rayas– nos permite penetrar en ese mundo de engranajes que pone en marcha la vida cada mañana en una estación de tren. En cierto modo, Hugo tiene el tiempo en sus manos, pero no tiene el poder para hacerlo retroceder o para viajar al futuro, aunque sí para rescatar en el presente todo lo que ya hemos perdido y encontrar el camino hacia lo que está por venir.

Hugo necesita creer que forma parte de ese engranaje porque la vida le ha encomendado una misión: arreglar lo que está estropeado. Pero en la soledad de su buhardilla se pregunta si no habrá alguien capaz de arreglar esa parte de su propio mecanismo a la que le falta una pieza. Esta es la compenetración simbólica que existe entre cada uno de los personajes, destinados a colaborar de alguna manera para que el mundo siga teniendo sentido.

Por otro lado, La invención de Hugo es un homenaje al cine y a la imaginación, porque es indiscutible que para que la vida prospere sin que sea solo una sucesión de acontecimientos, es importante que haya un grupo de seres humanos capaz de hacer que otros sueñen el mundo tal como debería ser. Cuando esos espíritus rebosantes de ideas se apagan, la Humanidad pierde una oportunidad de mejorar. Pero la vida no siempre sabe recompensar a las mentes inquietas, que a veces se ven obligadas a ahogar sus recuerdos porque la bondad de sus invenciones no encuentra su espacio entre las sombras de la realidad.

Ciencia y fantasía, técnica e imaginación son binomios necesarios para entender el complejo engranaje del mundo de Hugo, un mundo en el que hasta las piezas más pequeñas pueden aspirar al papel protagonista.

 

Celina Ranz Santana

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