La homeopatía: el principio de los símiles

Medicina natural“Lo similar se cura con lo similar”. Ésta es la base teórica de un sistema de medicina alternativo que recurre al supuesto de que utilizando, en dosis infinitesimales, las mismas sustancias tóxicas que provocan las enfermedades, es posible ponerles remedio.

Gran parte de todos estos estudios parten de la obra que en 1810 publicaba el médico alemán Christian Friederich Samuel Hahnemann y que llevaba por título Organon, el arte de curar. A partir de entonces, se hizo famosa en un sector de la medicina la frase “similla similibus curantur” es decir, que “lo similar se cura con lo similar”. Y es que en la homeopatía no se utilizan ingredientes químicamente activos, sino que se recurre a una parte ínfima de la sustancia original que provoca una determinada enfermedad y a través de múltiples disoluciones en etanol –alcohol etílico miscible con agua en cualquier proporción- se obtiene una nueva sustancia con propiedades curativas sobre los síntomas registrados.

A mediados del siglo XIX esta práctica tuvo bastante repercusión en la sociedad, ya que planteaba una alternativa más moderada al arsenal médico que habitualmente se utilizaba para la curación de enfermedades. Y a pesar de que actualmente –y cada vez más- tiene una importante aceptación, la mayoría de los expertos consideran que se trata de una pseudociencia ya que carece de una base científica sólida y capaz de demostrar las propiedades obtenidas mediante un proceso repetido de dilución de sustancias.

Es este sentido, la mayor detractora de la homeopatía es la farmacóloga Madeleine Ennis, que a través de sus investigaciones parece haber constatado que la inexistencia de química en los productos homeopáticos los convierte exclusivamente en agua y, por lo tanto, ineficientes. A raíz de estos estudios, son muchos los expertos que consideran que la homeopatía tiene una base más espiritual que científica, por lo que siguen mostrándose bastante escépticos al respecto.

Y, en cierto modo, estas acusaciones son ciertas, ya que Hahnemann aseguraba que el origen de las enfermedades de los seres humanos se encuentra en un desequilibrio principalmente emocional, que repercute primero en sus sentimientos y posteriormente en su físico. Si se anotan todos estos síntomas y se estudian no como unidades independientes asociadas a un determinado tipo de enfermedad sino como aspectos interrelacionados, es posible descubrir determinadas sustancias que se repiten en todas las patologías. A partir de ahí, se pueden extraer estos componentes tóxicos para someternos a un proceso de reiteradas diluciones en etanol. Los defensores de la homeopatía consideran que a mayor número de diluciones, más efectivo parece ser el remedio. Y no por una cuestión de elaboración sino porque, de esta manera, se reducen más los efectos sobre la parte física del paciente y se incrementan los de la parte emocional.  Sin embargo, éste punto es el que utilizan los detractores del método para sostener su postura, ya que a mayor número de diluciones, aumenta la cantidad de agua de la propia sustancia y disminuye el resto de propiedades, por lo que consideran que la homeopatía únicamente funciona por su efecto placebo, es decir, por la capacidad de convencer al enfermo de que se está curando.

En cualquier caso, son cada vez más personas las que recurren a estos métodos, o bien como forma principal de curación –sobre todo en patologías de poca gravedad- o bien como complemento de la medicina tradicional, y en España, ya desde 2009, la Organización Médica Colegial aprobó la homeopatía como “acto médico”, para regularizar esta rama alternativa del tratamiento de pacientes y asegurar que es desarrollada por expertos en la materia.

 

 

 

 

 

 

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