La Europa de entonces y de ahora

Gabriel Mato

Hace 62 años, Robert Schuman, entonces ministro de Asuntos Exteriores francés, propuso a Francia, Alemania y otros países europeos que gestionaran en común la producción de carbón y acero. Es así como nació lo que hoy conocemos como Unión Europea, 27 países unidos en el respeto por la libertad y el Estado de Derecho, que, sin embargo, reconocen y valoran su diversidad.

Ahora, muchos años después, conmemoramos el 9 de mayo, Día de Europa, el aniversario de la declaración de Schuman y los logros de la Unión, como la paz duradera, la cooperación económica o la supresión de los controles fronterizos al viajar.

La Unión Europea nació con el anhelo de encontrar la paz y la cooperación tras años de sangrientos conflictos que habrían culminado en la Segunda Guerra Mundial. Esta alianza por la paz condujo también hacia una incipiente bonanza económica que condujo a los seis países fundadores a la firma en 1957 del Tratado de Roma, por el que se constituye la Comunidad Económica Europea (CEE) o “mercado común”. A su vez, esto supuso una primera eliminación de los derechos de aduana dentro la Unión y el ejercicio de un control conjunto de la producción alimentaria para, posteriormente, consagrar las cuatro libertades fundamentales de mercado para las mercancías, servicios, personas y capitales.

La Comunidad se hace fuerte y empieza a crecer con la primera ampliación en 1973 a Dinamarca, Irlanda y el Reino Unido. En esta década la política regional empieza a inyectar grandes cantidades de ayuda financiera para crear empleo e infraestructuras en las zonas más pobres. El Parlamento Europeo aumenta su influencia en los asuntos de la UE y en 1979 es elegido por vez primera por sufragio universal.

El éxito de Europa atrae a nuevos Estados, como Grecia en 1981, y España y Portugal en 1986.

Un nuevo hecho histórico de progreso hacia la paz se produciría en 1989, con la caída del muro de Berlín, que supuso que, por primera vez en 28 años, se abrieran las fronteras entre las dos Alemanias, que se reunificaron pronto en un solo país.

Tras la firma del Tratado de Maastricht (1995) y  Amsterdam (1999) se produjo una nueva ampliación con el ingreso en la UE tres países más, Austria, Finlandia y Suecia. Las divisiones políticas entre la Europa del este y del oeste se dan por zanjadas definitivamente cuando en 2004 diez nuevos países ingresan en la UE, seguidos de otros dos en 2007. Esta es nuestra Europa de los 27, pero el proceso de creación y ampliación europeo aún no ha terminado.

En 2009 se ratifica por todos los Estados miembros de la Unión el Tratado de Lisboa. Esta época arranca con una grave crisis económica, pero también con la esperanza de que las inversiones en nuevas tecnologías ecológicas, más respetuosas con el clima, junto con una cooperación europea más estrecha produzcan crecimiento y bienestar duraderos.

El Tratado de Lisboa es muy importante para el Parlamento Europeo porque nuestras competencias se han visto aumentadas de manera considerable. Ahora somos colegisladores a un mismo nivel con el Consejo de Ministros, lo que significa que todas las propuestas legislativas de la Comisión Europea deben ser democráticamente debatidas en el Parlamento, que, junto al Consejo, hará que de forma consensuada, se adopten finalmente las leyes.

Como presidente de la Comisión de Pesca del Parlamento Europeo, afronto el reto de luchar por asegurar que esta institución ejerza y desarrolle todos sus poderes, tal y como está consagrado y atribuido por el Tratado de Lisboa.

Estamos en una posición de fuerza, cuya expresión también se despliega en la política exterior, donde tenemos la última palabra para la conclusión de los acuerdos internacionales. Este poder se ha visto plasmado, por primera vez en la historia, con la en mi opinión desafortunada negativa del Parlamento a renovar el protocolo del acuerdo de pesca con Marruecos en los términos en los que este se negocio. Esperamos, sin embargo, que en breve tengamos un nuevo protocolo que permita a nuestras flotas regresar el caladero marroquí.

Las prerrogativas del Parlamento en esta séptima legislatura sobre la Política Pesquera Común (PPC) son fundamentales, sobre todo ahora que estamos en plena reforma.

La PPC engloba no solo pesca, sino también una política marítima, y eso es algo que no hay que olvidar. Son muchos los ciudadanos de la UE que deben su sustento al mar y sus recursos; no solo la pesca, sino también la energía procedente del petróleo y el gas natural extraídos en alta mar. La flota mercante de la UE y el comercio que transporta dependen de los océanos del mundo. La UE tiene la mayor superficie marítima del mundo, con 1.200 puertos, y la mayor flota mercante, que transporta el 90% del comercio exterior y el 40% del interior. Además, las regiones costeras atraen el turismo, otro sector fundamental, como bien sabemos en Canarias.

Por tanto, es necesario que explotemos los recursos marinos con responsabilidad y evitemos la sobrepesca y el deterioro del medio marino y costero. La industria pesquera de la UE es la cuarta del mundo (6,4 millones de toneladas de pescado al año) y la pesca y la transformación dan empleo a más de 350.000 personas, un elevado número aunque solo represente el 0,2% del empleo de la UE.

Tenemos una prioridad política fundamental: asegurar que las generaciones del mañana tengan un futuro estable y sostenible basado en un ecosistema sano y altamente reproductivo. Ahora es el momento de hacerse escuchar.

Precisamente, el pasado 13 de julio, la Comisión Europea presentó el paquete de reforma de la PPC incluyendo una comunicación, un reglamento de base, uno sobre mercados y un reglamento financiero.

Durante el último semestre de 2011, la Comisión de Pesca del Parlamento ha estado extremadamente activa debatiendo los aspectos mas controvertidos de las propuestas de la Comisión, como la regionalización, los derechos transmisibles de pesca, el fondo marítimo y de pesca o la organización común de mercados, a través de la realización de reuniones técnicas, audiencias públicas y paneles de debate. Con estas actividades nos hemos convertido en una plataforma de referencia para un debate abierto y honesto, poniendo nuevos argumentos sobre la mesa y aumentando de manera significativa el conocimiento general de lo que la reforma de la PPC implica para todos los ciudadanos de la Unión.

Yo confío en que este debate, muy pertinente y enriquecedor, siga alimentando ideas, clarificando conceptos y allanando el duro y arduo camino que aún nos queda por recorrer hasta que lleguemos a un entendimiento mutuo sobre la nueva PPC, tanto para los diputados encargados de realizar informes de enmiendas a las propuestas de la Comisión, como para los ciudadanos en general.

 

 

Gabriel Mato

Eurodiputado y presidente de la Comisión de Pesca del Parlamento Europeo

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