La energía de la mente

TelequinesisLa energía liberada por el cerebro humano podría hacer que los objetos a nuestro alrededor se desplazaran. Al menos eso es lo que postulan los defensores de la telequinesis o psicoquinesis, una misteriosa capacidad restringida sólo a las mentes mejor capacitadas.

Sin entrar en contacto físico con el mundo, hay quienes aseguran que nuestra inteligencia puede conseguir que ese mundo se desplace. Parece poco probable poder mover objetos con sólo proyectar sobre ellos nuestros pensamientos, pero ciertos físicos e investigadores afirman que el cuerpo humano es capaz de generar diversos tipos de energía, uno de los cuales nos daría esa capacidad de telequinesis.

Para ello, el individuo debe de ser capaz, a través de un arduo proceso de concentración, de generar tal cantidad de energía que elimine las fuerzas gravitatorias que operan sobre el objeto que se quiere desplazar. Canalizando toda esta energía hacia ese punto y anulando el efecto de los campos gravitatorios que ejercen fuerza a su alrededor, sería posible mover objetos sin tocarlos, con independencia de su tamaño, forma o peso.

Esto es, al menos, la teoría de la telequinesis, también llamada telequinesia o psicoquinesis. Pero la mayoría de estos postulados han ido siendo desmentidos por la ciencia y relegados al segundo plano de las pseudociencias, si bien es cierto que nombres como Nina Kulagina y Uri Geller han pasado a la historia por las capacidades que se les atribuían para realizar cosas insólitas -desde doblar cucharas hasta arreglar relojes- usando únicamente el poder de sus desarrolladas mentes. Muchos de estos estudios entroncan directamente con la hipnosis, la parapsicología mental e incluso las investigaciones en el ámbito de las psicofonías, que según estas teorías no serían más que un desplazamiento de la materia que genera ruido al modificarse la energía acústica existente a través de otras “presencias”.

No hay duda de que el potencial del cerebro humano es aún un apasionante tema por descubrir, pero casos como el de Kulagina o Geller quedan más circunscritos a lo meramente curioso que a lo estrictamente científico. Aunque… ¿quién no ha soñado en alguna ocasión con conseguir cualquier cosa sin moverse del sofá?

 

 

 

 

 

 

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