La dificultad del europeísmo

José Manuel Adán

Tengo que reconocer que cada vez me resulta más difícil defender el europeísmo si por ello entendemos el conjunto de ideologías o movimientos políticos que promueven la unificación de los estados del continente europeo.

Desde la ilusión inicial en que fuimos admitidos al “club” privilegiado de Europa, lo que significaba tener una economía saneada con un déficit aceptable y enorgullecernos de haberlo conseguido regando con diversos fondos el agro y la solidaridad entre regiones mediante el Fondo Social lo que supuso una especie de plan Marshall que ha logrado la transformación estructural de la economía española con autopistas , trenes de alta velocidad, aeropuertos en demasía hasta la llegada de la crisis donde en unos años hemos creído que el maná iba a seguir con el mismo flujo y ahora que hemos de pedir ayuda para pagar todo lo anterior y al no poder conseguir más ingresos hemos tenido que llamar a las puertas del Tesoro Público para que sean las generaciones posteriores quienes paguen todo el despilfarro en lugar de reducir los gastos de las Administraciones.

Las administraciones de los distintos órganos de las instituciones europeas han seguido con la misma pauta aumentando su tamaño al tiempo que, en una estrategia en mi opinión completamente equivocada, han preferido aumentar el número de miembros aun cuando no posean las cualidades que a otros se les exigió, con tal de presentar a Europa ante los grandes países emergentes como un estado plurinacional de igual a igual y con una moneda única, fuerte sustentada fundamentalmente en la economía de gran nación alemana.

Mientras Europa, nos llena de Directivas con reglas, prohibiciones, limitaciones, restricciones crediticias y en algunos casos salva a nuestras instituciones financieras de la quiebra , por lo que debemos estar agradecidos a que nos podamos endeudar aún más y aumenta de una manera extraordinaria el número de funcionarios según se van agregando países.

Las instituciones también quieren mandar y como la que verdaderamente tiene competencias para ello es el Consejo Europeo, formado por los Jefes de Estado y de Gobierno de los países de la U.E., ahora, en el momento de las elecciones, el Parlamento que siempre ha sido una institución sin verdadero poder excepto a la hora de la aprobación del presupuesto comunitario, quiere poder para elaborar leyes para toda Europa restringiendo las competencias de la Comisión y del Consejo. Como todavía no ha llegado este momento, los futuros europarlamentarios se presentan como algo distinto ya que no tienen fuerza alguna en Europa e intentan convencer de que pueden incluso convertir el agua en vino.

En una entrevista a Jean Claude Juncker, un luxemburgués (Luxemburgo es más pequeño que Alcobendas), candidato del Partido Popular Europeo (PPE) a presidir la Comisión Europea, nos daba lecciones de lo que debemos hacer en Cataluña y a la pregunta de que por qué no se presentaba a las elecciones europeas contestaba ”Creo que sería deshonesto presentarme a un puesto que no tengo intención de ocupar. No quiero ser diputado del Parlamento Europeo, quiero ser presidente de la Comisión Europea”. Sin embargo en España el partido del gobierno, también incluido en el PPE, presenta como candidato a un buen ministro de Agricultura, sabiendo que no va a ser diputado del Parlamento Europeo, si no que será Comisario del área que ya esté pactada. Todo lo que diga en su campaña no servirá para nada por muy brillante que sea su discurso. Un verdadero engaño para los electores.

Tampoco se abordan temas cruciales como para España es Gibraltar, la pesca con Marruecos o el importantísimo tema de la inmigración. Que el Reino Unido, siendo socio con España en La U.E en la O.C.D.E y en la OTAN. continúe manteniendo la única colonia en suelo europeo, con mandato expreso de Naciones Unidas para la descolonización, dándose la paradoja de que España tendría que defender Gibraltar de un ataque externo mientras que Ceuta y Melilla no estarían bajo el paraguas del OTAN y que las vejaciones británicas además de la construcción del aeropuerto, puerto y edificaciones anexas al puerto, en aguas que no están incluidas en el Tratado de Utrecht, continúan incluso en el fútbol donde en la FIFA se admite a la colonia gibraltareña yendo nuestro buen amigo Platini a ensalzar la musculatura de los deportistas gibraltareños conseguida corriendo monte arriba y monte abajo persiguiendo a los monos y sin embargo ningún partido explique cuál será su punto de vista en relación con estos importantes temas que los partidos gobernantes por su dejadez han logrado que la denominada marca España sea una completa falacia, resulta vergonzoso. Que los tratados de la UE con Marruecos se solventen después de muchos inmigrantes puestos en la frontera por Marruecos y después de muchas concesiones a Marruecos en detrimento del agro español, parece no importar mucho a los políticos que vayan a ir a Bruselas, cuando lo silencian en sus campañas. Que cada día haya cientos de personas violentando las fronteras legítimas de un país, siendo además reprendido por el Comisario competente por la dureza con que un país defiende sus fronteras, ya raya en lo kafkiano y por supuesto ,tampoco está en la agenda de los futuros parlamentarios europeos. Por todo ello es muy difícil, cada vez más defender el europeísmo, porque no vemos que aporte soluciones a nuestros problemas más importantes.

Al final de esta campaña en pro de Europa, sin nervio alguno, con la tensión bajo mínimos, para sonreír, aunque sea levemente, habrá que mirar hacia Austria donde estará “Conchita”. Todo un símbolo del europeísmo.

 

 

José Manuel Adán

Economista e Inspector de Finanzas del Estado

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