‘La deuda’, un conflicto moral con tintes políticos

Película La deudaJohn Madden apuesta por un thriller político para relatar que solo la verdad nos hace libres.

Los errores del pasado acompañan a la protagonista en una edad en la que las mentiras no solo definen un momento concreto de su historia personal sino toda una trayectoria vital. Y como las mentiras tarde o temprano acaban por descubrirse, a la protagonista -Jessica Chastain en el pasado y Helen Mirren como adulta- le toca enfrentarse a esa parte oscura de su pasado, no tanto como ex agente del Mossad sino como persona.

John Madden –La mandolina del Capitán Corelli, Shakespeare in love– utiliza una técnica narrativa en dos tiempos para hacer avanzar la historia de estos tres agentes del Mossad que, en un momento decisivo de la historia mundial, aseguraron haber dado caza a un médico alemán que durante el régimen nazi realizó experimentos inhumanos en pro de la raza aria.

Sin embargo, treinta años después, cuando todo parece haber alcanzado una estabilidad relativa y tras haber construido sus vidas en base a una mentira, la verdad está a punto de desvelarse: un anciano asegura ser el nazi al que los agentes habían dado muerte.

El dilema de cómo resolver este tema tan complicado se plantea en forma de conflicto moral: la aceptación del error -asumiendo que toda su vida ha sido un engaño-, o el encubrimiento de la verdad para mantener ese equilibrio, aunque se sustente sobre algo tan poco seguro como una mentira que no ha parado de crecer desde entonces.

Mientras los personajes se plantean cuál va a ser la siguiente maniobra, vamos descubriendo quiénes son ahora y quiénes eran antes de que se produjera ese acontecimiento que les cambiaría la vida. Para ello, Madden utiliza un discurso que enfrenta a los tres personajes del presente -Helen Mirren, Ciáran Hinds y Tom Wilkinson- con sus tres representaciones del pasado -Jessica Chastain, Marton Csokas y Sam Worthington-, que poco parecen tener en común con aquello en lo que finalmente se han convertido.

Y puesto que el trasfondo político no es más que un pretexto para hablar de sentimientos, junto a estos dilemas sobre la verdad, la honestidad y la justicia, se va trazando una compleja historia de amor que, una vez más, nos conduce a la conclusión de que la vida es elegir. Sin embargo, no siempre existe una opción más correcta que la otra, por lo que solo nos queda ser consecuentes con la deuda que contraemos en cada elección.

Celina Ranz Santana

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