La destrucción de la enseñanza del español en el mundo

En los primeros días de esta legislatura Mariano Rajoy marcó las líneas de trabajo en el exterior que servirían para recuperar la imagen de confianza en España.

Uno de sus proyectos más importantes iba a ser la promoción del idioma español: una herramienta cultural y económica que durante 30 años ha ido formando una estructura sólida en el mundo en forma de liceos bilingües, lectorados en universidades y el desarrollo del Instituto Cervantes.

El mismo gobierno anunció a bombo y platillo su intención de contratar a una figura mediática que pudiera resaltar esa parte de la “marca España”. El elegido no podía ser otro que el premio Nobel Mario Vargas Llosa, quien declinó la oferta por motivos profesionales. Aún así, situaron al exdirector de la RAE1, Víctor García de la Concha, como cabeza visible de este ambicioso proyecto.

Unos cuantos meses después, superados los cien días de tregua política y las elecciones andaluzas, el importante apoyo a la enseñanza y promoción del español se ha quedado en simple maquillaje post-electoral. No ha sido sino una más de las promesas caídas en desgracia. La verdadera política de destrucción -dicha sin eufemismos- avanza como la peste en todos los rincones de los ministerios. Junto a la merma de ciertos derechos sociales y el deterioro escandaloso de la sanidad y la educación, se suma ahora el abandono de uno de los principales puentes de comunicación con el exterior.

Los lectorados MAE-AECID2, plazas de profesor en universidades extranjeras ofertadas a jóvenes titulados españoles, que permitían a los departamentos de español de todo el mundo tener un profesor nativo que impulsara su enseñanza, han sido canceladas en su casi totalidad. Desde las 252 facultades de origen, se han quedado en una triste cifra de 56. Uno tras otro, los profesores españoles y las universidades de Vietnam, Rumanía, Ghana, Belice, Argelia, Egipto, Hungría, Costa de Marfil, y un largo etcétera, han visto su trabajo tirado a la basura.

No es solo una pérdida cultural, sino también un perjuicio económico que daña directamente la imagen de España en el exterior y sus inversiones, dificultando la incorporación de trabajadores que hablen nuestro idioma en sus empresas. Un ejemplo de ello es Rumanía, donde muchos de los negocios españoles en el país se nutren de trabajadores de entre los alumnos de esos mismos lectores, ya sea como personal administrativo, traductores, intérpretes, etc. De igual manera, la figura del lector ha proporcionado siempre una presencia directa más allá de las fronteras de los cuerpos diplomáticos, como en el caso de los territorios en conflicto, dígase Palestina, Líbano o Costa de Marfil; así como moneda de intercambio académico con los países que envían a sus lectores extranjeros a España (Polonia, China, Rumanía…).

La indignación se incrementa aún más por las formas con las que se ha llevado a cabo. Los lectores se quejan de que después de un primer recorte de 41 plazas en febrero, el gobierno había publicado de manera oficial en el BOE la convocatoria para el curso 2012/2013, y ya había procedido a la preselección de candidatos para las universidades vacantes y la renovación para aquellos que continuaban -el máximo permitido en cada plaza es de tres años. Pero el 25 de abril, sin previo aviso y sin el mínimo atisbo de negociación, se vieron canceladas el 80% de las plazas, lo que equivale a dejar en la calle a casi 200 profesionales cualificados, manteniendo únicamente, y tal vez con cierto cinismo para una agencia que debe practicar la ayuda al desarrollo, los lectorados de EEUU, Australia, y los países emergentes: Brasil, India y China. El resto, es decir: el continente europeo, Oriente Medio y prácticamente toda Asia y África, no tendrá en sus departamentos de idiomas ningún lector nativo, allí donde aún siguen existiendo los lectores de italiano, alemán, chino, francés o portugués.

El actual gobierno ha certificado en este abril la defunción de la enseñanza universitaria del español en todo el mundo. Esperemos que no haya que esperar otros 30 años para volver a crear esa red tan avanzada que un día España fue capaz de construir, y que una decisión política irresponsable se encargó de destruir.

 

1 Real Academia Española de la lengua

2 Ministerio de Asuntos Exteriores y la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo

 

 

 

Octavio Pineda

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.