La cultura de un pueblo se mide por el respeto a los símbolos de su patrimonio

La inmensa tristeza por el deplorable estado actual del Parque Cultural “Viera y Clavijo”, induce a la siguiente reflexión: “Tamaño destrozo no puede ser sin querer. A alguien desaprensivo le interesó que en tan poco tiempo, el deterioro galopante haya mancillado un entorno que, hasta hace unos años, era motivo de orgullo y bandera cultural para una ciudad que jamás mereció el maltrato de una especulación tan denigrante”.

Por fortuna, y en apariencia, el actual alcalde ha decidido la reparación  mediante unas incipientes medidas que, por sí solas son insuficientes pero, al menos, significan un movimiento positivo, generado desde la iniciativa popular que ha planteado el agravio sufrido por una ciudadanía afectada por la vergüenza que provoca la visita al recinto que fuera sede de la universidad de verano “Méndez y Pelayo”, del teatro “Pérez Minik”, de aulas culturales, talleres de verano, catequesis, conservatorio, universidad de Mayores… En fin, cuantas actividades culturales, formativas y recreativas puedan caber en este privilegiado entorno que  fue, hasta hace poco,  el parque cultural “Viera y Clavijo”.

La perniciosa,  y consentida hoy, invasión de okupas en el edificio neogótico que albergó, durante casi un siglo, el colegio de La Asunción. La iglesia integrada en la estructura central, con su mismo estilo arquitectónico, de cuyas valiosas vidrieras poco puede saberse, ¿acaso fueron destruidas como cristales de verbena? ¡Pobre pequeña catedral!… todavía válida para el culto… La obra de Joan Miró, profanada por el salvajismo impune ante la pasividad institucional; así como el resto de esculturas, incluida la del insigne erudito, cuyo nombre galardona el parque con el título de la sabiduría y el amor por su tierra.

¿Qué significado tiene el Hotel Escuela edificado en terrenos del Parque, zona verde y, se supone, debidamente protegida? Y un espectacular aparcamiento, de nueva construcción, soterrado bajo la Placita de San José, ajeno al hotel, sito frente al Heliodoro Rodríguez  López, ¿quién explica esto?…

La suerte para la iniciativa de la plataforma ciudadana, creada para reivindicar la restauración y rescate del esplendor de un grato pasado, se basa en haber encontrado en el nuevo alcalde un motivo de esperanza por la comprensión, así expresada, y la buena disposición para reclamar ante el Gobierno de la Comunidad las responsabilidades en las que se pudieron incurrir por dejación  de obligaciones y desvío de medios hacia otras geografías más privilegiadas (Léase el teatro Guiniguada de Las Palmas). Lo tiene fácil por su afinidad correligionaria con quienes entonces equivocaron sus cálculos.

El mérito del señor alcalde estriba en el conocimiento profundo del problema y en su interés  por la cultura y el patrimonio social e histórico de la ciudad a su cargo. Son condiciones que lo capacitan con amplitud para afrontar la empresa en la que se verá arropado masivamente, no solo por las 16.334 firmas que apoyarán un referéndum municipal, si llega el caso, sino por la casi totalidad de una población estimulada en su conciencia  gracias a los medios, con la divulgación de artículos, reportajes y fotografías que han dado a conocer, en su verdadera magnitud, el humillante destrozo patrimonial, de una gravedad incuestionable.

Y menos mal que el equipo de gobierno municipal demuestra tener medios y facultades para resolverlo; pues si así no fuera, la situación sería preocupante, por cuanto para acceder a un cargo de dicha entidad, tanto la preparación intelectual como la calidad humana que se supone, son los motivos por lo que fueron  elegidos, alcalde y teniente de alcalde, y por los que el ciudadano cuenta con recibir respuesta eficaz ante demandas de la entidad que aquí se plasma.

Y nuestra fortuna como votantes, como ciudadanos solventes, es la de haber acertado en las urnas. Distinto sería el error de haber optado por persona equivocada, exenta de preparación, incapacitada para resolver con eficacia este tema, y por correlación todos los demás, en cuyo caso, el interfecto tendría que dimitir, antes de que unas nuevas elecciones lo descabalgaran. Sería acto de coherencia por el más elemental sentido de la dignidad.

¡Viva Santa Cruz de Tenerife, nuestra cultura y nuestro patrimonio!

 

 

 

Ana Mendoza

Plataforma por la rehabilitación del Parque Cultural “Viera y Clavijo”

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