La Bella y la Bestia

La Bella y La Bestia

La Bella y la Bestia

La historia de amor más bonita de Disney regresa a la gran pantalla adaptada a la acción real

Algunos recuerdos de la infancia se nos quedan tan grabados en la memoria que tratar de revivirlos un cuarto de siglo después con la misma intensidad podría considerarse casi una traición. Por eso supongo que para muchos de los de mi generación el hecho de volver a ver en el cine La Bella y la Bestia, estrenada ahora como película de acción real, tenía tanto de curioso como de reto personal.

Sin embargo, éste es un claro ejemplo de cómo la magia Disney puede volver a cualquier edad y soprendernos mucho tiempo después incluso con una historia y unas canciones que ya conocíamos hasta la saciedad.

Una historia de amor todavía más hermosa en la nueva versión de La Bella y la Bestia

Cuando se hace un remake de un clásico, aunque sea una adaptación a la acción real de un título de animación, normalmente nos asalta la duda del “¿era necesario?”. En el caso de la La Bella y la Bestia sí. Bill Condon (Mr. Holmes, El quinto poder) dirige una película cautivadora tanto para quienes ya hubieran visto la versión animada que se estrenó en España en 1992 como para los que por primera vez se enfrentan a una de las fábulas de amor más hermosas de la factoría Disney.

Para ser justos es cierto que se pierde bastante con el doblaje de las canciones que en boca de Bella (Emma Watson, saga Harry Potter) y del resto del elenco de actores reales de la película queda bastante descuadrado. Pero en esta ocasión no recomendaría ver la versión original porque, al fin y al cabo, las canciones que todos recordamos son las de la película de animación y es increíble como con los primeros acordes de las melodías las letras parecen volver solas.

Hay muchos momentos especiales en esta nueva versión que se permite la licencia de incluir algunos nuevos temas que no aparecen en la versión original y completar la historia con pinceladas que enriquecen el argumento con otras subtramas aún más mágicas y dramáticas que, a mi juicio, le dan más profundidad a los personajes que tal vez en la historia animada son algo más infantiles. Pero si hay dos momentos espectaculares de la película son el del gran festín, por su colorido y su musicalidad, y el del dramatismo de la cosificiación, sobre el que no daré demasiados detalles porque no ocurre exactamente igual en la versión de hace veinticinco años.

No entiendo la crítica de quienes dicen que la película ha perdido emoción o calidez. Creo que esta adaptación al estilo de musical de Brodway, que está ahora tan de moda, ha sido todo un acierto y es sentimiento en estado puro, con personajes de cuento que aún manteniendo los estereotipos propios de una fábula, cada vez se adaptan mejor al mundo real.

 

 

Celina Ranz Santana

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