Julio Verne, el hombre de los viajes extraordinarios

Julio Verne

“Todo lo que una persona puede imaginar, otros pueden hacerlo realidad”

Escritor y en cierto modo visionario, Julio Verne predijo con bastante exactitud cómo serían las sociedades de la era moderna en la que la gente vive obsesionada por las comunicaciones, el ser humano ha viajado a la Luna o es posible recorrer el fondo del mar en el interior de un submarino. La cotidianeidad de estos inventos no debe hacernos olvidar la genialidad de este escritor -uno de los padres de la ciencia ficción- y la fantasía de la que se alimentaban sus obras literarias.

El matrimonio francés Pierre Verne había tenido cinco hijos. El mayor de ellos, nacido el 8 de febrero de 1828 en la isla de Feydem, en Nantes, se llamaría Julio Verne. Julio fue un niño inquieto, con un carácter hecho para la aventura. Tanto es así que se dice que con tan sólo once años se escapó para embarcarse en un buque mercante, una tentativa fallida de aventura marítima ya que su padre dio con él poco antes de que el barco zarpara. La poesía, la ciencia y la geografía fueron sus grandes pasiones, que supo compaginar con la escritura, para convertirse desde muy temprana edad en todo un relatista. Estudió Derecho en París, donde dilapidó todos sus ahorros para comprar libros y optar por la carrera de letras, obsesionado con el estudio y el conocimiento del mundo. Julio Verne únicamente devoraba libros y o se olvidaba de comer o no tenía dinero suficiente para alimentarse. Como consecuencia de esta obsesión sufrió numerosos trastornos digestivos en los que probablemente se encuentra el origen de los trastornos nerviosos que terminarían paralizándole la cara.

Sus comienzos en el mundo de la literatura no fueron muy sencillos, tanto por su enfermedad, que le impedía mantener una vida social normal, como por la escasa divulgación de sus obras, a pesar de formar parte del círculo de amistades de importantes personalidades como los Dumas –padre e hijo-. Tampoco su vida conyugal con Honorine le ayuda a alcanzar la estabilidad emocional que necesita, de manera que en cuanto surge la posibilidad de viajar, Julio Verne se lanza a la aventura y después de cuatro años de matrimonio abandona a Honorine –que estaba embarazada- para recorrer Islandia y Noruega. El viaje le proporciona a Julio herramientas suficientes para lanzarse a escribir sus primeras novelas, pertenecientes a la colección de los 60 Viajes maravillosos. Cuando regresa a París ya ha nacido su único hijo, Michel Verne, que muchos años más tarde se convertiría en el supervisor de sus últimas novelas.

Julio Verne fue un nómada, un viajero incondicional, y durante sus “huidas” de París encontraba siempre a personajes capaces de enriquecer su espíritu y paliar sus ansias de conocimiento. Arqueólogos, fotógrafos, periodistas, científicos y aventureros que con sus experiencias le proporcionaban a Julio los datos necesarios para inventar el mundo del futuro que luego reflejaría en sus obras. Pero la vida de aventurero no era compatible con la vida familiar y Julio descuidó sus obligaciones para con los suyos de tal manera que su hijo Michel estuvo ingresado en un correccional y posteriormente en el manicomio, a petición del propio Julio. Tampoco fue buena la relación con su sobrino Gastón, que a los 25 años le disparó en una pierna provocándole una cojera irreparable. Y eso por no hablar del carácter obsesivo del escritor, que se mantenía encerrado durante días enteros para dedicarse por completo a su obra, lo que le provocaba parálisis faciales.

Así, los últimos años en la vida de Julio Verne fueron más oscuros, tanto en lo personal, con la muerte de su madre y de su gran amigo y editor Hetzel, como en lo profesional, pues sus novelas habían adaptado un tono más sombrío.

A pesar de la enfermedad que lo había acompañado durante los últimos años –había enfermado de diabetes-, Julio Verne siguió escribiendo hasta el final de sus días y, en cierto sentido, incluso después de la muerte, que le sobrevino en su hogar el 24 de marzo de 1905. Y es que en 1863 Julio Verne había escrito una obra que, por cuestiones argumentales, Hetzel le había recomendado no publicar hasta pasados 20 años. El manuscrito no fue descubierto hasta 1989 por un bisnieto del escritor en el interior de una caja fuerte. París en el siglo XX, la última obra de Julio Verne, se publicó en 1994.

 

 

 

 

 

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