‘Juan de los muertos’, zombis a lo cubano

Juan de los muertosTras su paso por el último Festival de Cine de Sitges, llega a los cines Juan de los muertos, una sátira descarnada -en todos los sentidos- sobre la situación social y política de Cuba.

La tarjeta de presentación es todo un aliciente para ir al cine. Cuando conocemos que Juan de los muertos es una película cubana de zombis, ambientada en la ciudad de La Habana, es irremediable que nos pique la curiosidad. Harás bien si te dejas llevar por ese gusanillo y te sumas a la moda zombi con acento caribeño.

Alejandro BruguésPersonal Belongings– hace una incursión en el cine cómico de terror recurriendo a los muertos vivientes para elaborar una metáfora sobre la sociedad cubana que no por ser más divertida deja de ser menos crítica. El tono satírico con el que los personajes de Juan de los muertos nos hacen viajar a través de la demoledora realidad de La Habana –que, según las propias palabras del protagonista, no dista demasiado de lo cotidiano, a pesar de que las calles de la ciudad se han llenado de zombis- supera con creces otros ejemplos del género como Zombieland –otra película recomendable-, y sabe gestionar con acierto los recursos técnicos de los que disponía la producción para crear un producto de calidad, tanto visual como argumental.

Brugués nos hace un regalo de 100 minutos de evasión en una isla devastada que, a pesar de la catástrofe, para Juan –Alexis Díaz de Villegas, Tres veces dos– sigue siendo un paraíso. Representa a esa parte de los cubanos con raíces bien arraigadas a su tierra frente a su inseparable ‘escudero’ Luis Alberto GarcíaGuantanamera-, en busca de una oportunidad para marcharse a Miami y empezar una nueva vida.

En esta fábula con tintes quijotescos, los dos personajes principales se rodearán de un pintoresco ‘ejército’ para emprender lo que podría entenderse como una nueva revolución en la que la lucha por la supervivencia se convierte en el principal objetivo. Son un grupo de valientes en una ciudad deshumanizada y carente de voluntad, sometida a los designios de ese ‘virus’ -que tanto podría ser el capitalismo como el comunismo- que los ha convertido a todos en muertos vivientes. Buenos gags, frases emblemáticas -“Juan de los muertos; matamos a sus seres queridos”- y unos personajes bien construidos hacen de Juan de los muertos una sátira cinematográfica con sentido, tanto en lo profundo como en la superficie, en la que hay que destacar que, sin tratarse de una película de grandes efectos especiales, se han cuidado mucho los detalles –dentro de las limitaciones- para sorprender al espectador en varias escenas y presentar unos créditos finales muy atractivos.

 

 

Celina Ranz Santana

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