J.R.R. Tolkien: el creador de la Alta Fantasía

J.R.R. Tolkien“No todo el oro reluce, ni toda la gente errante anda perdida”

Entre la realidad y la ficción hay un mundo que conecta ambos y que a través de sus diferencias los hace más semejantes de lo que se puede llegar a imaginar. En este lugar en el que para muchos se encuentra el verdadero significado de las cosas importantes, Tolkien creó la Tierra Media, “la consistencia interna de la realidad”.

Los Tolkien eran artesanos de origen alemán, pero cuando llegaron a Inglaterra en el s. XVIII no tardaron en adaptarse a la cultura británica. Sin embargo, John Ronald Reuel (J.R.Tolkien), habría de nacer lejos de la ciudad de Birmingham, que terminaría convirtiéndose en su hogar. Concretamente nació en la ciudad sudafricana de Bloemfontein. Pero la intención de su padre no era quedarse en este país, sino reunirse con el resto del clan Tolkien en Inglaterra, algo que no fue posible ya que murió de fiebre reumática antes de iniciar e viaje. Su esposa Mabel y sus dos hijos realizaron el viaje en solitario hasta Birmingham.

Mabel se encargó de que sus hijos recibieran una educación muy cuidada. A los cuatro años, Tolkien ya era capaz de leer y escribir en latín de forma fluida, una base que sirvió para que durante la infancia el escritor se entretuviera inventando nuevas lenguas como el “animálico”. Pero Mabel murió demasiado joven por complicaciones de su diabetes y a partir de entonces, un sacerdote católico –el padre Morgan- se encargó de la educación de los dos hermanos. Con el padre Morgan el joven Tolkien aprendio castellano, arte, historia… pero bajo una moral muy estricta que le impidió, por ejemplo, hablar o mantener correspondencia con chicas hasta que no cumpliera los veintiún años. Así que la mayor parte de su juventud la dedicó a intercambiar ideas con otros jóvenes con inquietudes literarias, y Tolkien empieza a escribir poesía. Finalmente ingresa en Oxford para estudiar Filología Inglesa, estudios que acabará con honores.

El mismo día en que cumplió veintiún años escribió una carta a su amor de la infancia –con la que le había prohibido hablar hasta entonces- Edith Mary Bratt, pidiéndole que se casara con él. Y la joven, que ya estaba prometida con otro hombre, decidió devolver el anillo y contraer matrimonio con Tolkien, una unión que habría de durar toda la vida.

La Primera Guerra Mundial separó a la pareja durante una temporada, pues Tolkien había decidido alistarse en el Ejército Británico, donde ingresó como teniente segundo especializado en lenguaje de signos, y sirvió como oficial de comunicaciones hasta que la denominada “fiebre de trincheras” lo obligó a regresar a Inglaterra.

Durante su convalecencia, Tolkien empieza a escribir El libro de los cuentos perdidos, recurriendo a los paisajes de su infancia y adolescencia y en las sorpresas que le deparaban sus paseos junto a Edith por los bosques de Roos, donde una tarde la joven comenzó a bailar entre los árboles, inspirándole el relato de Beren y Lúthien.

Más tarde el matrimonio –que tendría cuatro hijos- se trasladaba a Leeds, en cuya universidad Tolkien empezó a impartir clases –sería su primer trabajo como civil tras la guerra-. Este trabajo le abriría las puertas para regresar a la Universidad de Oxford años más tarde, período en el que escribiría El hobbit y los primeros volúmenes de El señor de los anillos. También en Oxford entablaría amistad con el profesor y escritor C.S.Lewis –autor de Las Crónicas de Narnia-, que se convertiría en uno de sus principales correctores. Tolkien era de la opinión de que a su país le faltaba una mitología tan elaborada como la de los griegos y los romanos, por lo que sus esfuerzos literarios tuvieron como objetivo crear un lugar “cercano”, ni demasiado parecido ni demasiado alejado de la realidad, en el que tuvieran cabida sus propósitos de llegar a la esencia de la vida a través de héroes, grandes gestas, riesgos y personajes imaginarios. De esta manera se fue desarrollando la Tierra Media, el escenario de su serie de novelas El señor de los Anillos y el motivo por el que el talento del autor ha tenido un reconocimiento a nivel mundial. Incluso cuatro años antes de su muerte –a los 81 años de edad-, la reina Isabel II le otorgó la Cruz del Imperio Británico y alrededor del mundo comenzaron a fundarse Sociedades Tolkien para el estudio de su obra.

Tolkien murió en 1973 y fue enterrado en el cementerio del Wolvercote junto a su esposa Edith. En sus lápidas figuran los nombres de Beren y Lúthien, protagonistas de una historia de amor legendaria que aparece recogida en El Silmarillion.

 

 

 

 

 

 

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