José Luis Sampedro

José Luis Sampedro“Los hombres pensamos que dirigimos los acontecimientos y la historia, pero hay unos límites enormes, porque no somos autores sino protagonistas de un guión que escribe la vida”.

A José Luis Sampedro le tocó protagonizar el papel de ciudadano pensante, y lo desempeñó con entereza hasta los últimos días de su vida. Fue tal la humildad con la que llevó su condición natural de humanista que ni siquiera quiso que nos enteráramos de su fallecimiento hasta unos días después de que se produjo. Pero Sampedro, desde la discreción, hizo cuanto pudo para impulsar eso que tanto escasea en la sociedad actual: el pensamiento crítico.

José Luis Sampedro Sáez nació el 1 de febrero de 1917 en Barcelona, si bien pasó la mayor parte de su infancia en Tánger, ya que apenas había cumplido un año cuando su familia se trasladó a la ciudad Marroquí. Luchó en la Guerra Civil movilizado por el ejército republicano y pasó la contienda entre Melilla, Cataluña, Guadalajara y Cuenca hasta establecer su residencia habitual en Madrid, donde contrajo matrimonio con Isabel Pellicer y acabó sus estudios universitarios en Ciencias Económicas.

Economista de carrera pero escritor de vocación, los diversos puestos que ocupó en el Banco Exterior de España hasta convertirse en Subdirector General del mismo, no le impidieron desarrollar su faceta más literaria. Tanto era el interés de Sampedro por las letras que junto a sus ensayos sobre economía ya había empezado a publicar sus primeras novelas, algunas de ellas escritas durante su juventud -como es el caso de La Estatua de Adolfo Espejo, que escribió con 22 años pero que no vio la luz hasta 1994-.

Octubre, octubre y La sonrisa etrusca serían dos de sus grandes éxitos literarios que, ligados a su trayectoria como novelista, en 1991 le abrieron las puertas a la Real Academia de la Lengua, donde ocupaba el sillón F.

Ya fuera por sus amplios conocimientos en el ámbito de la Economía o por su especial sensibilidad como escritor, José Luis Sampedro se convirtió en uno de los estandartes de los últimos movimientos sociales de España, entre ellos el del 15-M. Utilizando la mejor herramienta que tenía a su disposición, la palabra, diseccionó la realidad del mundo actual para dar a conocer todo aquello que se estaba pudriendo en su interior, producto de un capitalismo exacerbado que ha convertido al hombre en mercancía. La decadencia moral y social de Occidente fueron los temas más tratados por el autor durante las entrevista que concedió en los últimos años de su vida, convencido de que el cambio es posible si se crea conciencia de que es necesario.

 

 

 

 

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