Jonathan Swift, el irreductible defensor de la libertad

Jonathan Swift“La ambición suele llevar a las personas a ejecutar los menesteres más viles. Por eso, para trepar, se adopta la misma postura que para arrastrarse”.

Se cuenta que el autor de Los viajes de Gulliver vestía de negro el día de su cumpleaños y que durante toda la jornada no aceptaba ni alimentos ni bebidas.

El escritor irlandés era sin duda un personaje muy particular, un defensor de la libertad que quería vivir muchos años pero que, tal vez, no soportaba la idea de hacerse viejo.

Nació el 30 de noviembre de 1667 en la ciudad de Dublín en una familia con problemas económicos. La pobreza y la muerte de su padre antes de que Swift naciera, no supusieron sin embargo un impedimento para que el escritor recibiera una buena educación. Su madre se trasladó a Inglaterra dejando al pequeño a cargo de su tío Godwin, amigo íntimo de Sir John Temple, familia que años más tarde terminaría empleando a Swift como secretario particular.

Las primeras enseñanzas del escritor corrieron a cargo de su tío Godwin, que lo envió junto a uno de sus primos al Kilkenny College, para más tarde continuar con sus estudios universitarios en el prestigioso Trinity College de su ciudad natal.

Las tensiones política en Irlanda y la Revolución de 1688 forzaron su traslado a Inglaterra, donde su madre le consiguió un empleo al servicio de William Temple, un diplomático inglés que influyó notablemente en el despertar de las inquietudes políticas de Swift. A través de Temple, Swift fue presentado al monarca Guillermo III, al que trataría de convencer de un proyecto de ley para la formación de Parlamentos trienales, motivo por el que el escritor traslada su residencia a Moon Park. Allí conoce a una niña de 8 años, Esther Johnson, hija de unos sirvientes –aunque se rumoreaba que era hija ilegítima de William Temple- y se convierte en su tutor. Este hecho es destacable porque Esther –a la que el escritor se referiría en numerosas ocasiones como ‘Stella’- acompañó al escritor durante gran parte de su vida y pudo haberse convertido en su esposa en 1716, aunque lo cierto es que siempre hubo una gran controversia en torno a la relación que mantenían. Durante esta primera estancia en Moon Park escribiría su primera obra, La batalla entre los libros antiguos y los modernos.

Tras el fallecimiento de Temple y aquejado de problemas de salud –vértigos y mareos que lo acompañarían durante toda su vida y que podrían ser síntomas de la ‘Enfermedad de Ménière’-, regresa a Irlanda con la intención de ocupar la capellanía del conde de Berkley, pero el puesto ya ha sido ocupado, por lo que no le queda más remedio que hacerse cargo de otras pequeñas iglesias dependientes de Catedral de San Patricio –de la que terminaría siendo deán-, en la capital, por lo que pudo llevar una vida tranquila y pasar algunas temporadas en Dublín y viajó asiduamente a Londres, donde se convirtió en consejero del gobierno de los tory.

Fue en durante esta nueva etapa en Londres donde conoció a Esther Vanhomrigh, una joven de que se enamoró ciegamente de él y a la que dedicó su poema Cadenus and Vanessa, en el que el autor pone de manifiesto el error que habría cometido al corresponderla. Hasta ese momento, el nombre de Vanessa no existía, ya que es una creación del autor para referirse secretamente a Esther, utilizando el comienzo de su nombre e invirtiendo el orden: Van- y Es-.

El devenir político de la época hizo que las tendencias políticas de Swift se decantaran del lado de los irlandeses y para combatir las injusticias del momento utilizó el arma que mejor sabía manejar: la sátira. Textos como Una modesta proposición, en el que el escritor, en tono irónico, plantea cocinar y comerse a los niños para paliar la hambruna que azota el país, se convirtieron pronto en un referente del patriotismo irlandés.

Y finalmente, en medio de la polémica, se publicaría su obra más famosa, Los viajes de Gulliver, una historia que, parodiando la literatura de viajes, resulta ser una sátira de la sociedad que ridiculiza la condición humana y su estupidez inherente en unas tierras en la que hasta los animales son más humanos que los propios hombres.

La muerte de Stella, el estancamiento político, el desencanto… fueron factores determinantes en el empeoramiento de la salud de Swift y en la evolución de lo que autores como Priestley han calificado como ‘locura’. Jonathan Swift se ha transformado en un misántropo, un solitario obsesionado con la idead de la muerte y sin fuerzas para reparar un mundo que se descompone.

Su delirio se prolonga hasta los 78 años. El 15 de octubre de 1745, Jonathan Swift fallece en Dublín y, cumpliendo su deseo, es enterrado en la Catedral de San Patricio al lado de Esther Johnson. Tiempo atrás había dejado escrito en latín el epitafio que actualmente se puede leer sobre su tumba: “Aquí yace el cuerpo de Jonathan Swift, D., deán de esta catedral, en un lugar en que la ardiente indignación no puede ya lacerar su corazón. Ve, viajero, e intenta imitar a un hombre que fue un irreductible defensor de la libertad”.

 

 

 

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