Joice Heth, la niñera centenaria

Joice HethLas técnicas de marketing de Phineas Barnum convirtieron a una anciana en una atracción de circo.

Allá por 1830, un empresario del mundo del espectáculo, Phineas Barnum, decidió que ya era hora de incrementar sus ingresos y se creó un personaje que, gracias a la insistencia de sus carteles y eslóganes terminó convirtiéndose en todo un éxito.

El personaje en cuestión se llamaba Joice Heth, una anciana de raza negra, con la tez arrugada, las manos huesudas y la uñas sorprendentemente largas que, según Barnum, había sido niñera del mismísimo George Washington.

De ser ciertas estas insinuaciones -y los medios de comunicación no tardaron en hacer el cálculo-, la anciana habría de tener al menos 161 años. En cuanto comenzaron a publicarse reportajes referentes a este sorprendente hecho,  Barnum aprovechó el tirón que suponía aparecer en los medios para iniciar su particular tour con Joice Heth, a la que ‘exhibía’ en todo tipo de escenarios -estaciones de ferrocarril, teatros, cafés, plazas públicas…- para que deleitara al público con sus detalladas historias acerca de la infancia del presidente Washington, una figura muy querida y respetada por los estadounidenses.

Los periódicos hicieron el ‘trabajo sucio’ de Barnum, que después de empapelar con carteles las ciudades que visitaba con su atracción estrella, no tuvo que preocuparse por mucho más, ya que todo el mundo parecía dar por válida la versión que publicaban los diarios, asegurando que, verdaderamente, cuando uno miraba en los ojos de aquella mujer “parecía estar sin duda ante la persona más longeva del mundo”.

Pero incluso de los escasos sectores que sospechaban de la historia de Barnum, el empresario supo sacar provecho. Además, se inventaron otras historias -como la de que Heth era en realidad un autómata- que despertaron aún más el interés del público. Fue el doctor David L. Rogers el que se encargaría de poner punto final a toda esta representación.

En febrero de 1836, Joice Heth fallecía y su cuerpo era sometido a una autopsia pública que revelaba que la señora rondaba los 80 años de edad. Para entonces, Barnum había hecho suficiente negocio con ella y con su muerte como para preocuparse por estos pequeños detalles. En cualquier caso, y con la intención de seguir haciendo fortuna, el empresario e cubrió las espaldas asegurando que el cuerpo analizado no era verdaderamente el de Heth y que esta ni siquiera había fallecido: con el dinero ahorrado durante sus giras se había marchado a Europa.

Con todo, la mentalidad empresarial de Barnum le permitió desarrollar otros negocios fructíferos a raíz de lo de su niñera centenaria y llegó a montar todo un circo de extraños personajes que se convirtió en todo un éxito.

 

 

El Ilustrador

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