J.D Salinger, la sombra entre el centeno

J.D.Salinger“No sé por qué hay que dejar de querer a una persona sólo porque se ha muerto. Sobre todo si era cien veces mejor que los que siguen viviendo” El guardián entre el centeno

Nunca fue muy amigo de los medios de comunicación y, sin embargo, fue uno de los grandes comunicadores de la literatura moderna. Y es que su gran obra, El guardián entre el centeno, logró llegar al público de todas las edades, advirtiendo a los jóvenes sobre la mediocridad de los adultos y alertando a los adultos sobre la irreversible pérdida de la inocencia.

El 1 de enero de 1919 Jerome David Salinger nacía en el barrio neoyorquino de Manhattan (EE.UU). Su madre, una mujer católica de origen irlandés, y su padre, judío de origen polaco, se dedicaban a la venta de productos alimenticios, y el negocio era productivo. De manera que Salinger gozó de una infancia nada problemática y además tuvo oportunidad de cursar estudios dentro y fuera del país, en Europa, si bien nunca destaco por ser un alumno brillante. Su padre insistía en su formación porque quería que el joven Salinger heredara el negocio familiar, pero éste estaba más interesado por escribir historias que por las finanzas e hizo sus primeras incursiones en el ámbito de la literatura escribiendo críticas de cine para algunas publicaciones locales para continuar más adelante con relatos que vieron la luz en revistas de renombre tales como The New Yorker o el Saturday Evening Post.

La guerra truncó las aspiraciones de este joven que ya despuntaba como escritor. Salinger, que había pasado dos años en una academia militar, partió al Europa, donde participó como soldado de infantería en el Desembarco de Normandía y graduándose incluso como sargento. La guerra le dejó cicatrices imborrables a nivel emocional y su carácter se volvió más retraído y silencioso. Tal vez por eso sus dos intentos de mantener una vida matrimonial primero con una médico francesa llamada Sylvia y luego con la joven Claire Douglas, terminaran en divorcio. Salinger no estaba hecho para compartir su vida con nadie, ni siquiera con otros escritores. Únicamente sentía admiración por Herman Melville –autor de Moby Dick-, y se refugiaba en unos pocos libros, en su propia escritura y en el creciente interés por la filosofía del budismo zen.

Sin embargo, a pesar de esta reclusión voluntaria en sus propios pensamientos y en su propia creación, Salinger escribió muy pocas obras. Pero su primera novela, El guardián entre el centeno, se convirtió en un clásico y, a pesar de que al principio fue muy criticada por el uso de un lenguaje ofensivo y de continuas alusiones a la prostitución, el alcohol y las drogas, ha sido el libro más prohibido y también el más estudiado en los institutos estadounidenses. Sobre él circulan además muchas historias acerca de famosos asesinos –como el de Lenon- que supuestamente habrían estado obsesionados con ese libro.

Pero tras el éxito de su gran obra, Salinger vivió prácticamente recluido en su casa de New Hampshire, donde al parecer estuvo escribiendo hasta el final de sus días una serie de relatos que nunca vieron la luz. Lo poco que llegó a conocerse de su vida, tan ajena al mundo y a la fama, es lo que publicó su hija Margaret Salinger en una obra titulada El guardián de los sueños, en la que el escritor no sale muy bien parado al decirse sobre él que bebía su propia orina, que padecía glosolalia o que había convertido a su esposa en una prisionera.

Una de las polémicas más recientes fue la protagonizada por el escritor británico Ian Hamilton, que pretendía escribir una biografía del autor a través de las cartas que había enviado a otros escritores. Salinger interpuso una querella contra Hamilton y el juez decretó que, aunque éste estaba en posesión de esa correspondencia, el contenido de las mismas pertenecía al que las había escrito.

Poco más se conoce de este autor. Salvo rumores que pueden ser más o menos creíbles, muy pocas referencias biográficas y escasas fotografías se conservan de él. A los 91 años Salinger nos deja y, en cierto modo, los niños entre el centeno se han hecho mayores de repente.

 

 

 

 

 

 

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