James Joyce, la escritura como experimento

James Joyce“Me dan miedo esas grandes palabras que nos hacen tan infelices”

Las tormentas, los perros, la furia de Dios… El escritor irlandés tenía muchos miedos incontrolables. Sin embargo, a la hora de escribir nunca temió a la crítica y eso le permitió reinventar la novela del siglo XX.

Dublín fue su ciudad natal y el espacio físico al que el autor regresaría constantemente desde la ficción literaria para retratar los grandes conflictos morales a los que se enfrenta el ser humano. De esta manera, y a pesar del carácter marcadamente regionalista –que no nacionalistas- de gran parte de sus obras, la literatura de Joyce trascendió las fronteras irlandesas y lo consagró como un escritor universal.

Nació el 2 de febrero de 1882 en una familia católica de clase media y fue el mayor de diez hermanos –aunque su madre llegó a quedar embarazada un total de 15 veces-. La familia paterna de Joyce presumía de tener ascendencia destacada y mantenía un nivel de vida ‘aristocrático’, a pesar de que las circunstancias reales no eran esas.

Los Joyce pasaron numerosas crisis debido a que el padre de familia –aficionado a la bebida- no fue capaz de mantener el equilibrio económico en el hogar. También el escritor mantendría una vida bastante derrochadora hasta que, en los últimos años de su vida y como consecuencia de la enfermedad mental de su hija Lucía, Joyce se volvió más ahorrador para destinar su dinero al tratamiento médico.

Joyce siempre destacó entre sus compañeros de estudio por su capacidad analítica y su facilidad para convertir esos pensamientos en palabras, y su entorno tuvo el acierto de animarlo a continuar en esa línea.

A partir de 1902 y tras su paso por el University College de Dublín -donde cursó estudios de inglés, francés e italiano- comenzará a viajar por Europa hasta establecerse en Trieste –Italia-, donde ejerció como profesor de inglés en una escuela de idiomas. En Italia vivió durante varios años junto a su esposa Nora Barnacle, con la que tuvo dos hijos.

Joyce regresó en varias ocasiones a Dublín con la intención de publicar algunos de los textos en los que había estado trabajando, pero tras el estallido de la I Guerra Mundial se trasladaría con su familia a Zürich. Poco antes, y después de largas negociaciones con diferentes editores, consiguió que su obra Dublineses viera la luz.

Los años de la guerra no fueron fáciles para la familia Joyce desde el punto de vista económico, pero el escritor logró salir adelante con sus publicaciones y con la ayuda que le brindaron algunas de sus amistades más destacadas.

También durante esta época se acentuó la afición del escritor por la bebida, hecho que en más de una ocasión le generó problemas con Nora, aunque la pareja siempre logró mantener el equilibrio. No obstante, intentaron convencer al escritor de que su esposa le había sido infiel y, por parte de éste, también hubo ciertas infidelidades con mujeres con las que compartió una intensa relación epistolar.

Estos aspectos de la vida de Joyce son destacables en tanto que el autor los modificó ligeramente para integrarlos como parte de sus obras, por lo que es posible realizar un seguimiento de algunos de los aspectos más destacados de la vida Joyce a través de sus personajes. Además de estos detalles que, en ocasiones, no dejan de ser curiosidades, Joyce creó un estilo literario propio que acabaría dando un giro de tuercas a la literatura del siglo XX: la simbología de sus obras formaba parte de lo que se denominó ‘flujo de conciencia’, un tipo de escritura basada en el monólogo interior de los personajes que aparecía de manera espontánea y natural permitiendo que al autor explorar la mente y los sentimientos de sus creaciones y mostrárselos al lector sin ningún tipo de intermediación. Ésta es la base estilística que sustenta Ulises, su novela más destacada.

Una operación de úlcera de duodeno perforada le provocó el coma y finalmente la muerte el 13 de enero de 1941, en Zürich, donde fue enterrado a pesar de que su esposa solicitó en varias ocasiones la repatriación de los restos mortales del escritor.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.