Jacta est

Culminada con el triunfalismo habitual la FITUR 2015. Un año más se celebra el éxito en Canarias con ostentosos titulares referidos al reiterado  incremento de turistas, gracias a la buena gestión de los responsables políticos,  y las muy optimistas perspectivas de futuro. Cuando las realidades de presente y las venideras son preocupantes sin paliativos.

Gran despropósito supone la manipulación propagandística sobre pernoctaciones crecientes y estadísticas de visitantes por nacionalidades. El ensimismamiento institucional se regodea insensatamente en un monocultivo como única fuente válida de riqueza.

Canarias goza de todos los condicionantes para su promoción turística, por situación geográfica, clima, cultura, historia, gastronomía, paisajes, sol y playas. Pero adolece de una gestión penosa, pues el único indicador real sería el mercado laboral referido al sector. Pero los puestos de trabajo no crecen a dicho ritmo, y se instala una resignada precariedad profesional al abrigo de una reforma laboral inhumana.

La masiva afluencia de visitantes genera una evidente riqueza; pero ¿dónde va a parar tanto dinero? De  los componentes que conforman el mercado turístico, aquí solo se apostó  por uno en exclusiva: la construcción hotelera para beneficio puntual y sustancioso de los pocos de siempre.

Para el simple ciudadano, normalmente informado y preocupado por una realidad que no siempre se le ofrece con la transparencia debida, es muy frustrante comprobar cómo los turoperadores extranjeros son dueños de nuestro mercado, porque ellos definen el perfil de los clientes que traen, negocian a la baja los paquetes del todo incluido y gestionan precios baratos en aerolíneas low cost, algunas de ellas subvencionadas con nuestro dinero público como regalo a sus empresarios.

Para colmo, la fortuna generada por las millonarias tasas aeroportuarias pasan de largo y van a las implacables manos de un ente público bajo sospecha: AENA, cuya deuda histórica de 14.000 millones de euros, se ha reducido desde hace 4 años a “solo” 11.000 M. en la actualidad por las recientes ganancias como empresa pública.

El desastre total para Canarias será la privatización de la gestión aeroportuaria en plan apisonadora. No se justifica  que una empresa pública, que ahora está enjugando su deuda a un ritmo de 600 M. de € anuales, se regale como negocio a los allegados habituales que, con su legítimo criterio empresarial, priorizarán la rentabilidad de su inversión sobre la condición de servicio público. Los aeropuertos poco rentables: La Gomera, La Palma, El Hierro… pueden despedirse de su futuro inmediato.

¿Qué será de la deuda remanente? Es lógico que los nuevos inversores no se hagan cargo de ella, sino que recaiga en las arcas del Estado. Es decir, en quienes en su día pagamos con nuestros tributos la creación de un monopolio estatal, que ahora también tendremos que afrontar su millonaria deuda para que los inversores no sufran.

Tiene todos los visos de una operación fraudulenta que para Canarias tendrá unos efectos devastadores, en el turismo y en la propia conectividad interior. ¿Se imaginan que los mismos dueños actuales del monopolio aéreo del archipiélago se hicieran, además, con la gestión empresarial de nuestros aeropuertos?

Ahora se alzan tímidas voces institucionales de  políticos locales contra la privatización de AENA. Aparte de demasiado tarde, se han quedado afónicos para una reivindicación que tan solo necesitaba las firmeza suficiente para exigir el cumplimiento de nuestro  Estatuto de Autonomía.

Pero se han quedado sin voz tras desgañitarse inútilmente en la pista de circo, vestidos de clown, en contra de unas prospecciones que podrían destrozar un próspero  negocio turístico… Rentable para otros… parece ser.

¡Qué aleccionador sería para nuestros ínclitos gestores turísticos fijarse en cómo lo hacen los empresarios baleares!

 

 

Carlos Castañosa

Ex comandante de Iberia

elrincondelbonzo.blogspot.com

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