Issei Sagawa

Issei SagawaPasión por el sushi y… las mujeres occidentales.

Las historias de canibalismo siempre resultan escabrosas, pero la de este asesino en serie japonés es particularmente macabra.

Las pesadillas que durante toda la infancia acompañaron a Issei Sagawa marcaron su vida para siempre. Soñaba que se hervía lentamente en una cacerola hasta que alguien lo sacaba. Pero su rescatador no era un héroe, sino un caníbal que acababa de cocinarlo para darse un festín.

Issei creció con ese trauma y, a pesar de haber tenido una vida acomodada y de ser una persona culta y sensible, aquellas imágenes tan poderosas que le asaltaban durante la noche lo acompañaron hasta Europa cuando, siendo un joven licenciado en Literatura, se trasladó a París para continuar con sus estudios. En La Sorbona conoció a Rennée Hartevelt, una hermosa joven holandesa que le cautivó. No tardaron en entablar amistad y quedaban juntos para recorrer la ciudad y visitar exposiciones o asistir a conciertos y representaciones teatrales. Eran dos jóvenes cultivados, amantes del arte, intelectuales.

El joven Issei se decidió a citar a su amiga para una cena en su casa y mostrarle las peculiaridades de la gastronomía japonesa. Y cuando al fin consigue tener a Rennée sentada a su mesa, dispuesta a compartir un plato de sushi con su amigo, éste saca una pistola y la mata de un disparo. Obsesionado con el cuerpo de la joven, se lanza a su presa como si de un león se tratara. Primero, intenta devorarla a mordiscos. Pero la carne se le resiste, por lo que opta por utilizar cuchillo y tenedor para ir rebanando el cuerpo de su amiga.

El banquete dura varios días. Issei se deleita en el sabor y la textura de su víctima hasta que prácticamente no queda nada comestible en ella. Los restos del cadáver los deposita en varias maletas que luego abandona en una zona boscosa y son descubiertos unos días después por una pareja que pasea por la zona. La policía inicia una investigación al respecto y no tarda en localizar a uno de los amigos más íntimos de la joven que, tras ser visitado en su domicilio, acaba confesando el crimen.

Issei Sagawa es condenado a prisión en Francia pero, unos meses después, es extraditado a su país. Su padre, un empresario con mucho poder para mover hilos a nivel internacional, consigue que las autoridades francesas lo dejen regresar a Japón después de que se le diagnosticara una encefalitis avanzada que, en realidad, era una inflamación intestinal. Así pues, el supuesto moribundo regresa a Japón, donde apenas cumple cinco meses de condena. Tras su liberación, Issei se convierte en un personaje mediático: ofrece entrevistas en televisión, publica su propia historia –todo un éxito en ventas- y explica, sin ningún reparo, que se comió a su compañera de manera totalmente consciente, asumiendo las consecuencias de sus actos y rememorando aquellas pesadillas que le atormentaron durante su niñez. Comerse a Rennée –reconoció Issei- fue el mayor placer al que podía aspirar en su vida.

 

 

El Ilustrador

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