Islas Canarias o Marcha Radetzky

Solemos triunfalizar nuestros signos de identidad como síntoma de orgullo por ser quienes somos y, sobre todo, de dónde somos.

Manifestar sentimientos de amor, pasión y veneración por nuestra tierra, o lugar de nacimiento, es legítimo y muy satisfactorio. Pero en otro extremo, admirar sin reserva y por sistema todo lo de fuera, supone un grave defecto. Es indicio de complejos absurdos y significa carencia de una autoestima básica.

Voces importantes se han alzado con cierta indignación por la reiterada inclusión de la Marcha Radetzky como cierre triunfal del Concierto de Navidad que, cada 25 de diciembre, se celebra con todo su esplendor en la Dársena de Los Llanos. (Este año no podía ser excepción y el éxito fue clamoroso por esa conjunción mágica, añadida, de Los Sabandeños con la Orquesta Sinfónica de Tenerife).

Como bien alega D. Francisco Pallero, adalid de esta reivindicación que va aumentando en adeptos, cierto es que la Marcha Radetzky es una composición de un nivel extraordinario. De ahí su éxito universal, pero: ¡Por favor! ¡Aquí no me la pongan al final!, como la pieza más importante del concierto. ¡Intercálenla!, porque es preciosa, ¡Pero en su sitio! ¡Aquí, solo en su sitio!

¿Y en su lugar?, ¿con qué cerramos?… Lógico sería hacerlo con un himno nuestro. El himno de Canarias. Pero el Arrorró oficial no es una marcha con ritmo triunfal ni una composición que inspire energía ni espíritu avezado. Es otra cosa. Una preciosa  nana      – para dormir –  dentro de un espacio privilegiado en otro género de elevada calidad; gracias, sobre todo,  al genial Teobaldo Power. Pero no cabe como himno. De hecho no ha cuajado con la popularidad imprescindible para erigirse en símbolo o bandera de un pueblo.

En la reivindicación liderada por el Sr. Pallero, se plantea la alternativa a esta anomalía con la necesidad de oficializar como himno el Islas Canarias del maestro Tarridas; que se normalice su uso, actualmente oficioso, en acontecimientos institucionales y celebraciones populares. Se culminaría nuestro concierto de Navidad con esta composición digna de exaltar las virtudes y valores que nos son propios.

Si somos conscientes de la emoción y sensaciones de admiración que inspiran la letra y música del Islas Canarias, tenemos motivo suficiente para valorar la autoestima propia de quienes nos sentimos orgullosos de lo nuestro para poder compartirlo con el resto del mundo, sin complejos por arriba ni por abajo.

Gesto de buen hacer sería rendir este merecido homenaje al autor de nuestra valiosísima joya internacional: el excelso maestro catalán Josep María Tarridas que, sin necesidad de haber nacido aquí, obró el milagro de captar el espíritu canario, de sus gentes y de sus tierras. Si añadimos el libreto readaptado por nuestros Sabandeños, tenemos sobrados argumentos para enmendar la dejadez de las autoridades en cuanto al reconocimiento de gratitud a la memoria del compositor, cuyos descendientes nos han mostrado recientemente su malestar por el tratamiento protocolario poco digno hacia el recuerdo de su padre fallecido; sobre todo, al tener conocimiento de que su busto conmemorativo fue pasto del vandalismo callejero y que actualmente se halla en un lento y penoso proceso de restauración… o eso nos han contado (????…)

 

Carlos Castañosa

elrincondelbonzo.blogspot.com

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