¿Política o chalaneo?

Carlos Castañosa

Era de esperar. Según se acercan las elecciones van apareciendo noticias inquietantes que, si no fuera por la resignación colectiva que se nos ha inoculado a los ciudadanos normales, debieran provocar una deflagración social.

La falta de respeto que se prodiga desde las instituciones, la prepotencia y menosprecio por la opinión pública, los alardes de deslealtad, el déficit de dignidad oficial, la enfermiza pasión por el poder… todo redunda en rechazo generalizado hacia una casta poco ejemplarizante. El ciudadano, en general, los desprecia. Pero a ellos les importa un comino. Ellos, a lo suyo. ¿El servicio al pueblo?… ¡Anda ya!… Su único objetivo es cazar una poltrona y conservarla el mayor tiempo posible para integrarse en dicha casta deleznable, donde la ambición personal pueda encontrar acomodo, y los privilegios económicos y prebendas consiguientes sean prioridades absolutas.

Nadie debería generalizar así, puede hasta no ser ético pero, ¿alguien podría nombrar, hoy, un solo ejemplo como la excepción que confirmase la regla de tan desolador paisaje? Antes bien, sucede todo lo contrario: El caso flagrante del dirigente de un partido que se escindió un día de CC con la ambición de configurar su coalición particular y, como le fallaron las expectativas, regresó a la antigua formación con ínfulas humanitarias – qué sarcasmo – donde fracasó en su artificiosa gestión del bienestar social y de asistencia humanitaria. Véase el penoso panorama actual. Como debió parecerle un cargo de poca entidad, optó por intentar significarse declarando su radicalismo independentista. Tras apercibirse del ridículo, traiciona a los socios que lo acogieron y se arrima al partido competidor y evidente caballo ganador en la próxima carrera electoral. Si patética es la trayectoria política de un personaje cuyas veleidades ideológicas lo descalifican como representante de cualquier parcela ciudadana, vergonzoso resulta que el exultante PP, ensimismado en los resultados que le auguran oráculos y encuestas, admita un aliado residual con el espurio interés de asegurar una mayoría absoluta que le ha caído del cielo sin tener que esforzarse, y mucho menos, sin necesidad de insultar a sus afiliados y votantes con el agravio de una presencia tan indigna como la trayectoria de servicio al pueblo del susodicho.

 

 

 

Carlos Castañosa

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