¡Pero qué tontos somos!

Carlos Castañosa

Así nos va. Me refiero a esta ciudadanía incauta, indolente, resignada y entregada con sumisión a unos medios de comunicación  que no siempre pueden cumplir con su deber profesional de informar y formar a la población.

Para dar validez a comentario tan contundente se precisa el apoyo de un caso concreto que, por correlación, permita generalizar el maltrato sufrido por  una sociedad desinformada.

Por poner un ejemplo: La grave situación en la que ha desembocado la compañía Iberia, en un proceso de desmantelamiento sistemático, auspiciado por unos gestores deplorables que, prácticamente, han culminado la destrucción para la que fueron captados. ¿Por qué la opinión pública no sabe que la “caja” de la empresa, hace unos meses, disponía de un activo de 3000 millones de €, (cuando se consolidó la fusión con British Airways), y a la fecha de hoy ya solo quedan 400? ¿Por qué no se divulga que en estos meses, el socio extranjero ha adquirido 50 aviones de nueva generación (el proyecto es de 200) e incrementado la plantilla de todos los colectivos de acuerdo con su ampliación? ¿Por qué, por motivo contrario, en Iberia se van a externalizar 48 aparatos, asignados a una nueva compañía “low cost” en detrimento de la operación matriz y, por ende, la destrucción masiva de  5000 puestos de trabajo? ¿Por qué se consiente que la compañía británica tenga como objetivo la apropiación funcional de la T-4 como HUB (centro operativo) para ampliar sus rutas asiáticas porque en Londres ya no caben? ¿Es preciso recordar que AENA invirtió en Barajas 7000 millones de €. Dinero de todos los españoles para que ahora caiga en exclusivo beneficio de los británicos? ¿Por qué, al hablar de huelgas, no se contrasta la maquinación empresarial de demonizar a un colectivo, bloquear la negociación y desviar la atención con la columna de humo de lo malos que son los pilotos, que siempre en Navidades chantajean a los ciudadanos, cuando en realidad son los bondadosos gestores quienes diseñan fríamente el perjuicio social? (¿Nadie recuerda, hace un año, con qué premeditación y alevosía se gestó un “estado de alarma” por espurios intereses políticos?) ¿Por qué no se traslada al conocimiento de la población que los sueldos (sin contar bonus y contratos blindados)  de once directivos de Iberia equivalen a los emolumentos de 400 pilotos? ¿Que dichos burócratas accedieron a la compañía hace cuatro o cinco años para practicar, no ya una flagrante dejación de responsabilidades empresariales, sino la ejecución de un desmantelamiento previamente diseñado a cambio de sustanciosas ganancias personales? ¿Que la fusión con British contemplaba el acuerdo de crecimiento paralelo de ambas compañías y que dicho compromiso es hoy agua de borrajas? ¿Que la compañía británica estaba en quiebra cuando se firmó la fusión, y hoy, por apropiarse impunemente de los activos financieros de Iberia, se halla en plena expansión? ¿Que el vaciado de la caja de Iberia la deja indefensa para cualquier proyecto de futuro? ¿Por qué todavía no ha reaccionado el accionista mayoritario, Cajamadrid (Bankia), para cortar en seco tanta fechoría? ¿Por qué no se ha organizado el debate pertinente, como en Francia o Alemania, donde se erradicaron las filiales de “bajo coste”, tras el descalabro aquí de Clickair y la fallida operación con Vueling?

¡Pero qué tontos somos!…  Cuando, no solo Iberia, sino la totalidad del sector estratégico, (todas las empresas públicas mal vendidas a empresas privadas de fuera)  haya caído en manos extranjeras y el Estado quede indefenso ante la sumisión impuesta por el capital foráneo, siempre quedará el consuelo aquel de “Esto, algún día, será fruta madura… No merece una guerra…” (¿Les suena?).  Mientras tanto, once “barbos” se habrán ido de rositas y forrados de pasta por los servicios prestados.
Hay que reconocer que el trabajo de los medios es muy difícil, complicado y, a veces, imposible, pues quienes tienen que vivir de su vocación periodística suelen sufrir el acoso del poder que limita su libertad de expresión, con lo que se atenta también gravemente contra el derecho constitucional del ciudadano a recibir información veraz.

Pero mientras los responsables políticos no asuman su deber en defensa de los intereses del Estado, mal iremos. La actuación de los salientes, en este y otros aspectos, ha sido lamentable. Pero la expectativa ofrecida por los entrantes, tampoco invita al optimismo, a pesar de la aparente mejora en la entidad de los nuevos próceres. ¿No encontraron a faltar, en la sesión de investidura, una declaración de principios o lema parecido a “CORUPCIÓN: TOLERANCIA CERO”? Mientras no se corrija y erradique este mal endémico de nuestra sociedad, siempre vendrán de fuera a sobornar corruptos de dentro.
¡FELIZ Y PRÓSPERO  2012!   (A todos, menos a once).

 

http://elrincondelbonzo.blogspot.com/

 

Carlos Castañosa

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