Involución popular

PíldoraEl alto precio de una sexualidad responsable.

La España actual me recuerda cada vez más a un capítulo de ‘Cuéntame’ –de los del principio, no de los que están a punto de rozar una visión futurista del país-. Ayer me lo comentaban en la farmacia, pero confiaba en que solo fuera un rumor. Hoy la noticia ya está en los medios de comunicación: el Gobierno dejará de financiar la píldora anticonceptiva a partir del 1 de agosto.

La financiación de la píldora se incorporó al Sistema Nacional de Salud en 2011, junto con la reforma de la Ley del Aborto en la que el PP ya está metiendo mano desde hace unos meses, intentando incluir barbaridades como que la malformación del feto no será un supuesto para abortar y amparándose en el argumento de que “se crearían ciudadanos de primera y de segunda” –vaya, yo pensaba que ya existían hasta de tercera y de cuarta, porque a tenor de los últimos acontecimientos políticos de este país, es evidente que no todos jugamos en la misma división-.

La polémica Ley del Aborto, otro de los ‘grandes problemas’ de España, con hospitales a rebosar de mujeres irresponsables, adolescentes descocadas y zorrones de discoteca que no usaron preservativo en una noche loca porque, total, si al día siguiente puedo ir a abortar -como quien va a comerse un chocolate con churros para paliar la resaca- para qué me voy a preocupar… -espero que se haya notado la ironía-. No sé a quién se le ocurrió que solo las mujeres irresponsables e ignorantes se someten al aborto, un proceso que no debe de tener nada de divertido, pero que resulta menos traumático que tener un hijo no deseado, para el que no se está preparada, para el que no se tienen recursos o para el que solo existe un futuro lleno de complicaciones –si Gallardón sigue adelante con sus hipótesis de la malformación-. Supongo que se le ocurrió al mismo que pensó que una persona que solo llega al aprobado no está preparada para la Universidad. Qué curioso, porque solo un 3 por ciento de las mujeres que aborta no tiene estudios, a pesar de que Beatriz Escudero -diputada del PP- ya nos quiso vender que el aborto está relacionado con cuestiones de cultura y cualificación, declaraciones que se tuvo que comer con papas ante la evidencia de las estadísticas de la Asociación de Clínicas Acreditadas para la Interrupción del embarazo.

Dejando el tema del aborto a un lado, porque es una cuestión que tanto el PSOE como el PP han querido llevar a los extremos de sus pseudoideologías –el aborto a los 16 años sin necesidad del consentimiento de los padres tampoco me resulta comprensible, pero eso sí, es súper socialista- ahora está el tema de la píldora, un método anticonceptivo que además de prevenir embarazos no deseados con más de un 98 por ciento de efectividad, permite a la mujer disfrutar de su sexualidad de una manera responsable y le proporciona unas garantías de salud sexual sobradamente demostradas. Desde este punto de vista, la píldora no debe entenderse únicamente como un medicamento más, como un analgésico para el dolor de cabeza o una pomada para las quemaduras. La píldora es una ‘liberación’ en muchos aspectos a la que deberían tener acceso todas las mujeres y que en muchos países europeos no solo no se financia sino que es totalmente gratuita –como en Reino Unido-. En España, asumir el coste de esa liberación supone un desembolso de 30 euros trimestrales, esto es, 120 euros al año. Algo que, en relaciones estables, sigue siendo aún más barato que los 8 euros de media que cuesta una caja de 12 preservativos que ofrezcan un mínimo de garantías. Con todo, resulta un poco contradictorio que el Gobierno haga hincapié en la responsabilidad de la mujer para no convertir el aborto en la solución rápida a un embarazo no deseado y que, por otro, elimine de esta manera una decisión que suponía un verdadero avance en cuestiones de planificación familiar.

No sé qué argumentos nos darán ahora, pero estoy expectante. Alguien saldrá, seguro, que se atreva a decir “¡Pues no fornique usted tanto!”. Y habrá otros que le rían la gracia, que es lo más triste de todo.

Vagabundo Pérez

vagabundoperez.blogspot.com

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