‘Intruders’ no es una película de miedo, sino sobre el miedo

Cartél IntrudersLo que más me asustó fueron los comentarios de muchos espectadores que salieron decepcionados de la sala. Esperando ver una película ‘de sustos’, se encontraron con una historia mucho menos superficial que saca a relucir nuestros fantasmas.

Asustar al espectador no es una tarea demasiado complicada: un golpe de música, una aparición repentina, una sombra en el espejo… y todos saltamos de la butaca. Lo difícil es mantener la tensión que ha de conducirnos hacia esos temores que permanecen en nosotros sin que ni siquiera nos demos cuenta y que pueden salir de su letargo en el momento menos esperado. En este sentido, ‘Intruders’ es un ejercicio de introspección para que averigüemos dónde se esconden nuestros fantasmas.

El director Juan Carlos Fresnadillo -Intacto, 28 semanas después- sabe manejar con equilibrio estas tensiones para que no nos ahoguemos en una trama que, aunque muestra algún que otro síntoma de inconsistencia, está milimétricamente diseñada para que todos los detalles encajen.

Fresnadillo va sembrando a partes iguales tensión y reflexión para que sea el propio espectador el que justifique con sus juicios lo inverosímil de los juicios de los personajes, para que ayude a los protagonistas a entender que sus obsesiones no son más que un mal sueño.

Lo complicado de todo este asunto es que esto nos sitúa en una posición ambivalente: tan pronto sentimos la necesidad de calmar la angustia de los personajes como de salir corriendo de esa pesadilla contagiosa que infecta la realidad y nos obliga a ser adultos de golpe. Ése es el verdadero terror que todos experimentamos, sin darnos cuenta, cuando de repente dejamos de ser niños, olvidamos y acabamos convirtiéndonos en otra persona, en una nueva identidad. Por suerte o por desgracia, siempre quedan posos de aquello que fuimos.

Cuando ‘Carahueca’ -un personaje entre lo real y lo ficticio- salta del manuscrito de un niño y se instala en la vida de Clive Owen –Plan Oculto, Closer– las grietas de la memoria se reabren dejando pasar el miedo contenido durante varias décadas. ‘Carahueca’ ha abandonado la prisión del tiempo en busca de una nueva identidad. Pero muchas veces el miedo, cuando no tiene rostro, es menos terrorífico que cuando tiene un rostro real. Por eso, en su huida del ‘monstruo’, Clive Owen y su hija, Ella Purnell –Vivir para siempre-, están huyendo de sí mismos, para que ‘Carahueca’ no termine robándoles su aspecto, porque nada puede haber más horrible que convertirse en el reflejo de tus propias pesadillas.

Celina Ranz Santana

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