‘Inmaduros’

InmadurosDemasiado buen rollo en una comedia con extra de azúcar.

El pretexto para hacer que un grupo de amigos del instituto se reúna después de casi veinte años es ya bastante improbable: el Ministerio de Educación les solicita que vuelvan a realizar el examen de acceso a la universidad porque estos han sido anulados.

Éste es el arranque poco sólido de la comedia que dirige Paolo Genovese –Incantesimo napoletano-, todo un augurio de la concatenación de tópicos que lo suceden. Así, el intento por hablar del paso de los años, de los problemas de toda una generación y de sus sueños –cumplidos o no- se queda en lo más básico de una comedia superficial que, aunque no está mal para pasar el rato, no tiene demasiado que aportar.

Las comparaciones son odiosas, pero si pusiéramos esta película al lado de la de Pequeñas mentiras sin importancia -Guillaume Canet, No se lo digas a nadie– no tardaríamos en darnos cuenta de que la cinta de Genovese, aunque con buenas intenciones, se resume en un puñado de clichés, mientras que la de Canet profundiza realmente en las emociones de sus personajes, más complejos, más reales y más difíciles de olvidar.

En Inmaduros, y obviando el hecho de que se trata de una comedia italiana con poca chicha, hay algunos diálogos divertidos y situaciones que de alguna manera pretenden acercarse a la realidad desde un punto de vista irónico, un tanto agridulce. Pero dudo mucho que, en conjunto, los italianos de esa generación se sientan identificados con los protagonistas de esta película porque todos parecen al margen de los problemas reales de los que ya están al límite de la treintena.

 

Celina Ranz Santana

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