Miércoles, 01.10.2014

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De Sevilla a Santiago 12 Imprimir E-mail
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Martes, 12 de Octubre de 2010

CarvalinoValeriano Pérez

Miércoles, 30 de junio de 2010. Tras el aceptable desayuno cargamos las maletas y dejamos el apartotel pues en la zona en que se halla se va a celebrar un mercadillo típico y vemos como se instalan los puestos y se preparan esas ollas de cobre en las que se cocina el sabroso pulpo a la gallega. A buenas horas, mangas verdes; ahora que nos vamos a ir.

Pero aún no nos vamos ya que queremos conocer un paraje singular de la villa que se encuentra a un tiro de piedra: El Parque Etnográfico do Arenteiro y por ello nos vamos hacia el Parque Municipal y aparcamos. Se trata de un espacio verde por entre el que serpentea el Arenteiro y que ofrece lugares idílicos por donde caminamos un largo rato y damos descanso a nuestra prisa. Unos carteles nos avisan de la proximidad del Muiño (molino) de Anxo, de la fábrica de papel y de la piscifactoría.

Nos movemos por un encantado y encantador paisaje, respirando un aire puro y visitamos la piscifactoría donde dicen “cultivan” la trucha autóctona gallega, para volver hacia el coche siguiendo el paseo fluvial. Un lugareño me explica porqué esta provincia suele tener diferencia de temperatura con las otras, afirmando que Orense está en una hoya. Y ya motorizados dejamos Carvallino y nos vamos hacia Santiago que ya se presiente cercano. Efectivamente eran las 11.30 cuando dejamos el coche en el parking de la catedral y vamos echando leches hacia allí.

Nos habíamos puesto de acuerdo con los “paisanos peregrinos” en que nos veríamos en las escaleras principales después de la misa de las doce. Santiago esta siempre animada y este año jubilar lo está doblemente por lo que en cualquier lugar que se acude habremos de hacer gala de paciencia. Así, en la entrada a la catedral, hay colas para acceder por la “Puerta Santa” y dar al abrazo al apóstol, pero cuando por fin llegas y te dicen que no puedes pasar con una pequeña mochila, te rebelas. En la entrada hay unos seguritas que revisan los bolsos e igual podrían hacer con las pequeñas mochilas “urbanas” pero se limitan a decir que hay unas taquillas, no muy lejos donde previo pago, se pueden dejar. Incluso en el interior de la catedral hay lugares donde no dejan entrar sin guía, que también cobran. Eso parece cuando menos puro comercio y Jesús echó del templo a los mercaderes que lo habían prostituido.

Enrique se queda fuera con mi bolsa y entro a la catedral, en la que el oficiante de La Misa del Peregrino estás saludando a los asistentes.Santiago de Compostela Tras un corto tiempo me reúno con él y hacemos un recorrido por los lugares más emblemáticos que existen alrededor del venerado templo.

A la hora fijada nos encontramos con los “amigos peregrinos” y tras el   abrazo, nos vamos a tomar algo en un pequeño y popular bar cercano. El grupo tenía contratado un suculento  almuerzo en las afueras de la ciudad y sentimos no poder participar en ella pues debemos estar en el aeropuerto ante de las cuatro de la tarde y entregar el coche alquilado. Con pesar nos despedimos de ellos y aprovechamos para almorzar en el mismo bar que nos hemos tomado las copas y luego aprovechamos el tiempo restante para pasear un rato por  la zona histórica de Santiago.

Ya dejamos la ciudad camino del aeropuerto debiendo parar antes en una gasolinera para rellenar el depósito y a la hora convenida hacemos entrega del “noble y notable” Peugeot, haciendo mención que en Atesa National nos pagaron el aceite que le pusimos al coche, sin problemas. A pesar de haber revisado el coche nos dejamos fijado en su parabrisas interior el soporte del GPS y previa llamada a la agencia y a lo amigos que quedaron unos días más haciendo turismo y “barismo” en Galicia, éste me fue entregado en los días posteriores a nuestra llegada. Gracias.

Cogemos el avión Air Europa que salió a las 20,30 horas para Tenerife, a cuyo aeropuerto del Sur llegamos a las 22.15 horas, en donde nos recoge el amigo Pedro Clemente, que digo Clemente, “Clementisimo”. Y así doy por terminado el relato de este viaje que resultó magnífico, al igual que todos los anteriores que he hecho. He viajado más en los seis años que llevo de “jubileo” que en toda la anterior etapa de mi vida.

Viajar hoy en día es casi una necesidad vital; recordar los viajes es una manera de volver a vivirlos y para ello bien sirven estas mal hilvanadas líneas. De sus posibles fallos o errores, pido perdón así como de su, a veces excesiva minuciosidad. También doy las gracias a los familiares, amigos y conocidos que han hecho posible, todos y cada uno de ellos. Gracias de todo corazón: Que el Supremo (cada uno ponga aquí el nombre que acostumbre a darle) nos permita a todos seguir viajando.

 

 

 

Valeriano Pérez

Fotografía: Enrique Vera

 

 

 

 

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