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Martes, 24 de Agosto de 2010

CascaisValeriano Pérez

Sábado, 26 de junio de 2010. Después de dar cuenta del suculento desayuno ya toca dejar la ciudad para ir a Coimbra que está a 200 km. En Lisboa dejamos de visitar entre otros sitios, el parque Monsanto, un lugar que por su dimensión se visita en coche; el Zoológico y el Parque De las Naciones, tres lugares que sin duda merecen ser conocidos, pero siempre es conveniente dejar razones para volver a la señorial Lisboa.

Y ya en la carretera decidimos no seguir la primer idea que era ir recto hacia Coimbra por la A1, e incluso haber hecho la obligada visita a la aldea de Fátima que saltó a la fama por la presunta aparición en una cueva cercana y en seis ocasiones (la primera el 13 de mayo de 1917) de la Madre de Cristo a tres pastorcillos lusos: Lucia, Jacinta y Francisco. En ese lugar se levantó, entre 1928 y 1952, un santuario mariano que constituye uno de los puntos de peregrinación de la religión católica más frecuentado del mundo cristiano, comparable quizás con Lourdes.Pero teniendo en cuenta que yo la conozco y que Enrique la visitará en su próximo viaje con la guapa Sandra, decidimos viajar por la Costa por lo que, siguiendo la Avenida Calouste y admirando el sorprendente  acueducto  “Das Aguas Libres” accedemos a la auto-estrada A5-IC15.

Salimos a las 8,30 y tras cruzar Oeiras, eran las 9,30 cuando llegamos a la llamada Riviera Portuguesa: Estoril y Cascais, enclaves turísticos sucesivos de la costa oeste de Lisboa, fruto del crecimiento urbanístico provocado por el auge del turismo, por la cercanía y por su buen clima. Estoril (el Montecarlo Portugués) es más conocido internacionalmente. Vive entre la decadencia de su rancia distinción, adornada con grandes villas de lujo, balnearios, miembros de la realeza exiliados y magnates. Actualmente un aluvión turístico, menos adinerado, ocupa sus playas.

Cascais, a pesar de su rápido crecimiento, no ha perdido totalmente su antigua identidad como pueblo de pescadores, resultando mas activa y Cascais bulliciosa, mas juvenil y menos selecto, igual que ocurre en nuestros lares con la Playa de Las Américas y el romántico Puerto de la Cruz. Dejamos el coche aparcado en Cascais e iniciamos un largo paseo por la concurrida avenida marítima que a la altura del Club Náutico se hace peatonal y permite rodear la fortaleza o ciudadela del siglo XVII que, al estar situada sobre una colina elevada, domina la villa y el mar.En el pasado esta edificación constituyó la principal construcción defensiva de la ciudad. En su interior se encuentra un palacio que fue  utilizado por los principales mandatarios desde la época de su creación.El paseo nos resulta agradable pues disfrutamos de un benigno sol y de una  refrescante brisa. En los jardines de uno de los hoteles nos llama la atención la figura de bronce de un “salvaje” que apoyado en tres de su extremidades, con su mano derecha libre parece ofrecer una flor a alguien en señal de amistad Su postura podría quizás resultar equívoca.

La costa continúa en un magnifico arenal donde las olas rompen con fuerza creando un espacio de gran belleza y de interés para todos los surfistas. Cerca queda la “Boca do Inferno", con sus miradores, donde se pueden ver las olas rompiendo contra las cuevas del acantilado.Cuando lo creemos oportuno volvemos al coche y a las 10,20 seguimos el viaje hacia el destino de hoy, la todavía distante ciudad de Coimbra. Avanzamos por la N6, casi siempre por la orilla atlántica portuguesa, y aunque en principio la vegetación es de matorral y dunas, llegando al  Parque Natural de Sintra-Cascais se vuelve espléndida y exuberante.Mas tarde accedemos a una magnifica zona de playas con pequeñas calas resguardadas de los fuertes vientos. Al pasar por Ericeira vemos una gran aglomeración de bañistas, sobre todo de adolescentes. Aquí hay un  gran camping en el que están celebrando algún acontecimiento y los coches ocupan los márgenes de la carretera en un largo tramo.Como nos limitamos a seguir la carretera nacional, sin necesidad de buscar alternativas, damos descanso al GPS y disfrutamos del entorno rural que normalmente es mucho más vistoso que el de las Cascaisautopistas a pesar de que la travesía por los numerosos pueblos, nos limite a 50 km.

A las 13 horas, oyendo las quejas de nuestros estómagos, nos desviamos hacia un pequeño pueblo llamado Toledo y entramos en el restaurante Pao Saloio, en la región extremeña portuguesa en donde almorzamos a cuerpo de rey en un ambiente muy agradable y a un precio aceptable.Carretera nacional adelante y sin prisas, derivamos hacia la localidad de Nazaré a donde llegamos a las 15 horas a tiempo para dar un paseo.

Nazaré es una villa portuguesa del distrito de Leiría que tiene 10.000 habitantes y hasta 1912 se le conoció como Pederneira, uno de los tres núcleos que forma la ciudad y que se asienta sobre un promontorio. Nazaré fue una pintoresca aldea de pescadores lleno de tipismo y su vida se desarrolla cara al mar, a la vera del largo paseo marítimo que tiene la rubia playa a la izquierda y a la derecha, el casino y el mercado.Hace años se veían los bueyes arrastrar las redes en la playa, pero aún se ven como “jarean” al sol los pescados que no han logrado vender en fresco. Los abren en dos mitades y los colocan sobre los andamiajes de madera y tela metálica, que cubren con finas redes (por si las moscas).

 

 

 

Valeriano Pérez

Fotografía: Enrique Vera

 

 

 

 

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