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Martes, 27 de Julio de 2010

SevillaValeriano Pérez

Miércoles, 23 de junio de 2010. Empieza el deseado viaje -cuyos prolegómenos se iniciaran un ya lejano mes de enero- y este día me acerco a la parada de guaguas con intención de coger la que pasa por el Puertito a las 9.15 pero aciertan a pasar en su coche Yayi (la hija de Julio Gil) y Tato que, gentilmente, me dejan en la estación de Titsa de Santa Cruz. Aquí conecto con la guagua que me deja en el aeropuerto norte a las diez y me apresuro a facturar, eligiendo un cómodo asiento, y a dejar el contiguo reservado para el amigo Enrique que llega sobre las once.

Tan pronto aparece me apresuro a felicitarlo pues hoy cumple 39 años y le recuerdo que esa coincidencia también se dio en el inicio viaje que hicimos en el 2007 que, partiendo de Madrid nos llevó hasta Sevilla, y en el que cruzamos bellos paisajes castellanos, extremeños y andaluces.

La salida la hacemos a bordo del avión “Talavera de la Reina” de Air Europa que sale a las 12.50. Dentro de la cabina tenemos una presión igual a 2100 m.s.n.m. según nos informa el comandante de la aeronave. En menos de dos horas llegamos a Sevilla y como quiera que estaremos en territorio peninsular español solo un par horas, no vamos a cambiar  la aguja de nuestros relojes pues Portugal tiene la misma hora canaria. Nos acercamos al mostrador de Nacional ATESA y nos hacen entrega del coche de alquiler contratado, un Peugeot 308 de gasolina, matricula 4571 GTB con 12366 km. al que le haremos 1.611 km en los 7 días que lo tendremos y que resultaría además de cómodo, eficaz y suficiente. El precio pagado (250€ en total) con seguro sin franquicia, nos pareció excelente teniendo en cuenta que lo dejaremos en la ciudad de Santiago.

Vamos por la autopista A49 por un llano paisaje en el que predominan los atractivos girasoles y ancestrales olivos. A buena velocidad, pronto estamos en Ayamonte y pasando el puente sobre el río Guadiana (sus aguas sirven de frontera entre los dos países) entramos ya en Portugal. El Guadiana (Wadi-anas) nace en los Campos de Montiel y cursa 578 km en España, 100 haciendo frontera con Portugal y 140 en ese país. Al cruzar la provincia Onubense recordé al amigo Bernabé Ruiz con el cual cumplí el servicio militar en Melilla y sentí que el escaso tiempo disponible no hiciera posible pasar por su casa de Higuera de la Sierra. Llevamos instalado el GPS que funciona a la perfección aunque parece que es conveniente (quizás necesario) actualizar sus planos. Cuando es posible hacemos que el coche vaya con la marcha fija automática que nos permite descansar el pie al no ejercer presión alguna sobre el pedal. En los campos vemos también las cigüeñas, esas aves zancudas que anidan en torres y árboles y que aquí vemos como lo hacen incluso en los letreros de las autopistas. Siempre me agradó ver sus desgarbadas siluetas, sus voluminosos nidos, su pausado vuelo y hasta oír el sonoro ruido que producen con sus largos picos. Las estaba echando de menos.

Ya por territorio luso nos topamos de pronto con un estricto, severo  e intimidante control policial de la Guardia Nacional Republicana (GNR). Y por fin,Portugal a las 18,30 llegamos a la localidad de Faro y tras algunas vueltas y revueltas damos con el Hotel Mónaco Faro, de 3*, que está en Rúa Baptista Severino en Urb. Monte da Ría tfno. 237 351 289 895 060. El hotel está bien y en su precio en habitación doble de 59 € incluye el desayuno (tipo buffet, correcto pero sin exagerar) y va a ser el habitual en los hoteles que estaremos, con pequeños altibajos según las ciudades. Nos instalamos y tal como siempre hacemos, pedimos  un plano de la ciudad y nos vamos a patearla un poco y buscar en donde cenar luego. También es habitual que nos acerquemos a la oficina de turismo pero en esta se limitan a ofrecernos un mapa y darnos información oral y si queríamos alguna otra, deberíamos de pagarla. Así sucedería en todas las que visitaremos en las distintas ciudades, a diferencia de en España.

Faro, la antigua Ossonoba, es una importante población turística portuguesa situada en el litoral meridional del país, en la ribera interior de la ría Formosa, anexa al puerto, cuya salida por la bocana de Faro está estabilizada mediante muelles. Incluye dos freguesias o parroquias (Sé y San Pedro) y tiene 60.000 envejecidos habitantes. Es también la capital de la comarca del Algarve, región que tiene una singular historia. Los fenicios (siglo III a.C.) y más tarde lo romanos ocupaban este espacio antes que fuera conquistada por los musulmanes en el siglo VIII. Esta región marcó el punto más occidental del imperio islámico, por lo que fue llamada al-Gharb, que significa: El Oeste.Faro es una coqueta y antigua ciudad costera y portuaria, acicalada y atractiva, con bellos edificios civiles y militares. Vive por y para el mar y al ser llana, resulta cómoda de pasear. En su fachada marítima está el Parque Natural da Ría Formosa con extensas marismas de buen ver.

Nuestra llegada coincide con el campeonato mundial de fútbol que se celebra en Sudáfrica, en los que participan España y Portugal. En casi todas las plazas publicas y terrazas de bares vemos instaladas pantallas gigantes de TV para seguir los partidos y olvidar así las penas diarias. Los partidos son seguidos con pasión y a un espectador casi imparcial como yo le intriga ver como muchos de los asistentes en directo de los partidos, en lugar de Comidamirar el posible espectáculo, prefieren soplar por unas trompetillas que producen un ruido que incluso por la tele resulta insoportable. ¿Estarán subvencionados o serán simplemente tontos?.

Después de un largo paseo recalamos en el restaurante-taberna “O Barao” donde cenamos muy aceptablemente. En realidad, una de las razones por las que elegimos este país para el viaje de este 2010 fue la certeza de que la comida es excelente y a pesar de que en el transcurso de viaje no siempre seria así, fue más bien achacable a nuestras prisas. Completamos la sobremesa con un agradable paseo por la zona de las marismas por las cuales vemos navegar unas veloces canoas con motor fuera borda que necesariamente han de tener corto calado, debido a la poca profundidad de la aguas por las que se mueven. El sol, cansado de su casi eterno vagar, nos dice adiós y tiñe de rojo el firmamento mientras, a escasa altura, sobrevuelan nuestras cabezas y  edificios, esas grandes aeronaves repletas de visitantes que se dirigen al cercano aeropuerto y que renovarán el necesario carrusel turístico. Regresamos al hotel y pasamos la noche medianamente bien, aunque el calor se hizo notar y además los perros ladraron en algunos momentos.

 

 

 

Valeriano Pérez

Fotografías: Enrique Vera

 

 

 

 

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