| Sobre la labor del periodista |
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| Opinión | |||||
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Algo raro está pasando porque, si los periodistas somos la voz intermediaria de la actualidad, o nos hemos quedado afónicos o resulta que el mutismo se ha vuelto mucho más rentable que la palabra.
Acabo de leer una noticia publicada en AviaciónDigital.com en la que se hace referencia a una presunta comida privada organizada por José Bono el pasado 23-F. A tan selecto encuentro asistieron los “grandes” de grupos de comunicación como Vocento, Radio Nacional de España, El Mundo o El País. Al parecer nuestro presidente del Congreso aprovechó la coyuntura para sugerir a los asistentes que no fueran tan duros en sus críticas hacia los sueldos que cobran los diputados, argumentando que muchos de ellos “están siendo insultados por la calle”. Ante estas insinuaciones no he podido quedarme callado. No vayan a pensar que me mueve el despecho o la envidia de que no me hayan invitado a este distinguido evento de comunicadores, pero este almuerzo huele a podrido. Me pregunto si, después de los postres, el café y el puro, los asistentes habrán seguido conversando animosamente acerca de sus responsabilidades sociales como medios de comunicación o si las “preocupaciones” de Bono habrán sido tan indigestas como me resultaron a mí en cuanto terminé de devorar la noticia. En cualquier caso, me ha asaltado un pensamiento escatológico, entre el vómito y la diarrea. Las campañas mediáticas de este Gobierno -y las de cualquier otro- me producen arcadas, pero el efecto purgante es aún mayor cuando pienso que son muchos los que secundan estos disparates que ponen en entredicho no sólo nuestra libertad como periodistas sino nuestro deber como comunicadores. Hay quienes son capaces de venderse por un buen almuerzo. Yo, sinceramente, prefiero morirme de hambre.
Vagabundo Pérez http://vagabundoperez.blogspot.com/
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