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'Rango', una divertida metáfora del mundo moderno Imprimir E-mail
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Domingo, 20 de Marzo de 2011

Cartel de Rango

Celina Ranz Santana

Ningún camuflaje puede evitar que un héroe –o un anti héroe- se enfrente a su destino. Por fortuna, Rango nos enseña que aún es posible encontrar personas -y reptiles- con convicciones lo suficientemente poderosas como para hacer frente a cualquier adversidad.

Rango es un camaleón que sueña con convertirse en estrella de cine y que vive cómodamente en un terrario en el que, a pesar de las limitaciones del metacrilato, encuentra suficiente espacio para un mundo ordenado que le da seguridad.

El protagonista de esta historia sólo conoce la realidad desde el otro lado de un muro transparente que le permite verlo todo sin implicarse en nada. Sin embargo, cuando el destino quiere que abandone ese refugio, no le quedará más remedio que enfrentarse a la realidad a través del único 'armamento' del que dispone: la ficción.

Como buen camaleón, Rango, que ni siquiera es su nombre real, adoptará la personalidad del héroe que le hubiera gustado ser pero, como ya advierte esa máxima universal, “cuidado con lo que deseas porque podría hacerse realidad”.

Hasta aquí, Rango -que no es, en ningún caso, una película de animación para niños- se ajusta perfectamente al paradigma del viaje del héroe que, tras haber recibido 'la llamada a la aventura' deberá enfrentarse a una serie de obstáculos para alcanzar su meta personal. Pero si Rango no es una película para niños, tampoco es meramente una película de animación a la antigua usanza, con moraleja sencilla y ratones cantando. En cierto modo, y aunque resulte complicado imaginar que un camaleón cobardica y charlatán pueda encarnar esos valores, Rango es una metáfora sobre la apariencia de un mundo en el que las cosas no son lo que aparentan ser. Y éste no es ni más ni menos el mundo moderno, el mundo dominado por el capitalismo y por las ansias de poder, el mundo de lo individual en el que un grupo reducido de personas impone su ley sobre el resto, explota los recursos naturales a su antojo y se hace con el control de lo que no pertenece a nadie porque pertenece a todos, y en igual medida.

Rango es una buena película de dibujos que, sin desviarnos de la carcajada y de la sorpresa de una animación excelentemente pulida y unos diálogos tan absurdos que en ocasiones parecen haber sido escritos por Tarantino, invita a la reflexión acerca de si no es necesario destapar de una vez a los que se camuflan detrás de sus disfraces para hacer que el mundo cambie constantemente de color mientras el resto sólo podemos mudar de piel, intentando encontrar la que más se ajuste a lo que verdaderamente llevamos dentro.

 

 

 

 

Celina Ranz Santana

 

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