‘Imperium’

Imperium

Imperium

Nuevo intento de Daniel Radcliffe por hacerse mayor, esta vez convirtiéndose en un infiltrado nazi

Supongo que este chico está condenado a ser Harry Potter toda su vida y da igual que se vista de abogado del siglo XIX en La mujer de negro que de poli del FBI del siglo XXI en Imperium. Además, no es es sólo una cuestión de que ya no te lo puedas imaginar sin la cicatriz en la frente.

Le falta altura, le falta cuerpo, le falta edad. Es como un actor en el cuerpo de una campeona de gimnasia rítmica: está condenado a ser un eterno adolescente. Y claro, así cuesta creerse bastante cualquier cosa que interpreta.

‘Imperium’ no es ‘American History X’

No te confundas. Si quieres ver un peliculón sobre movimientos neonazis en Estados Unidos ésta no es una de esas películas que dejan huella. Es entretenida pero sucede a un ritmo tan apresurado que resulta demasiado poco creíble.

A estas alturas de la historia nadie está para fiarse de nadie tan a la ligera y el personaje que interpreta Daniel Radcliffe (saga Harry Potter), un policía un poco moñas, se infiltra en una importante operación como si tal cosa. Y ésa es otra. De entre toda la gente con un poco más de sangre que tiene que haber en el departamento escogen a un tipo que no da para nada el pego sólo porque a Toni Collette (La boda de Muriel, El sexto sentido), que lo ve un día por casualidad, le parece que tiene el espíritu que hay que tener para defender las causas más nobles. Un poco ridícula la elección sobre la que se sustenta todo el argumento.

Por lo demás, lo más interesante de Imperium es la perspectiva de una ideología que va más allá de la violencia, los símbolos, los discursos manidos y la estética que ya todos conocemos. Lo verdaderamente interesante de esta propuesta de Daniel Ragussis (Haber) es esa parte en la que vemos a personajes que a simple vista no cumplen con ninguno de los estereotipos en los que habitualmente encasillaríamos a este tipo de personas y que sin embargo en la intimidad tienen una visión del mundo todavía más aterradora que la de aquellos que manifiestan su ideología más abiertamente.

Todos, los de un bando y los de otros, comparten la convicción de que están el lo cierto al defender esas creencias. Y sorprendentemente siempre existe un argumento más o menos sólido para sostener esa lucha y convertirla en algo que podría llegar a entenderse como noble. Esa pericia en el uso de las palabras y en la construcción de justificaciones es la que resulta más alarmantes que cualquier acción violenta.

 

 

Celina Ranz Santana

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