¿Hacemos la maleta?

MaletaÉste no es un artículo contra la infinidad de programas calcados en los que se nos cuenta la idílica existencia de un grupo de españoles emprendedores fuera de las fronteras nacionales. Es más bien una advertencia. Como las cosas sigan así, lo verdaderamente extraordinario no va a ser encontrar canarios por el mundo, castellanomanchegos por el mundo o gallegos por el mundo. Lo sorprendente será encontrar españoles en España.

De repente, no somos bien recibidos en nuestro país. Nadie nos echa de manera descarada como echan a algunas minorías en países que alardean de ser un ejemplo de libertad, igualdad y fraternidad. Pero nos desplazan lentamente, como si dejáramos de ser útiles para este sistema sobresaturado que nos trata con el desdén de la burocracia, nos subvenciona con la caridad de un socialismo manido y nos recibe con ventanillas cerradas y vuelva usted mañana.

Entre los 30 y los 45 años las ayudas para los desempleados son prácticamente inexistentes. Para los jóvenes son irrisorias, puntuales, reducidas. Pan para hoy… y, además, pan duro. El caso es que no hay manera de que las ofertas y las demandas de empleo se correspondan. Deberían inventar un reality que se llamara Empleos, trabajadores y viceversa en el que fuera posible encontrar la compatibilidad entre esos dos mundos cada día más alejados. Los viejos, porque son viejos. Los jóvenes porque no tienen experiencia. Y los que están en el medio, porque no son ni jóvenes ni viejos.

Los buscadores de empleo son un escaparate de miserias, de empleadores que buscan a un siervo y que, además, sea el siervo ideal: con formación, con experiencia, con necesidad y con pocas ganas de protestar para que acepte firmar un contrato en el que figura un sueldo mensual de dos ceros.

El sistema educativo español no ha sabido generar respiros intergeneracionales que permitieran la renovación del mercado laboral. Algo que se verá agravado si, encima, el Gobierno retrasa dos años la edad de jubilación. Así, hemos gozado de una educación pública -que no gratuita- para formar a ingenieros, médicos, periodistas, abogados… que dentro de poco -si no lo han hecho ya- tendrán que hacer la maleta y empaquetar sus títulos, su master, sus cursos de idiomas, sus talleres de especialización, sus seminarios… y marcharse a otra parte del mundo que sepa aprovecharse de su formación.

España se convertirá en un reducto de funcionarios, trabajadores en huelga y altos cargos que no tendrán a quién dirigir. Porque un país no se sostiene únicamente moviendo papeles. Necesita producir: materiales, servicios, ideas… Y nos lo llevaremos todo en una maleta, con el desencanto enrollado entre calcetines y ropa interior, esperando a ser recibidos con la oportunidad que aquí no nos dieron.

Vagabundo Pérez

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