¡Bien por el Tribunal Supremo!

Estatua de la JusticiaCarlos Castañosa

Por fin se adjudica un valor material al trabajo del ama de casa.

Se necesitaba el revulsivo de una sentencia como la dictada por el Tribunal Supremo por la que se le asigna a una mujer divorciada la indemnización de 108.000 €, a pagar por el ex marido, por los 15 años que duró su matrimonio, durante los que ella ejerció como empleada doméstica (a 600 € al mes). Es aleccionador para quienes necesiten enterarse de la verdadera entidad del papel de la mujer en el hogar. No es el caso de aquellos que lo valoramos sin reservas. La dureza de las tareas domésticas solo puede ser reconocida a pie de obra, por coger la plancha, al ponerse el delantal, con el manejo de la aspiradora o cambiando pañales. Es decir, mediante la colaboración para compartir labores que contribuyan al bienestar familiar.

Seguramente el juez ha considerado multitud de parámetros puntuales y específicos en este caso ejemplarizante para no sentar un precedente gratuito y arriesgado, por cuanto debe suponerse que durante los 15 años de convivencia conyugal, en régimen de separación de bienes y sin ningún ingreso por parte de esta señora (a la que se adjudica en exclusiva el papel de empleada doméstica), no gozase ésta de la aportación económica procedente del trabajo del marido en forma de enseres personales, compras, asistencia doméstica, quizá vehículo propio, joyas, vestuario, manutención, alojamiento, viajes, regalos mientras durase la relación. Si el marido era un déspota que había confundido el amor con un negocio esclavizador, desde luego que tiene merecida la condena a pagar la millonaria indemnización, aparte de la pensión compensatoria, alimentos para su hija y el usufructo de la vivienda. Pero el riesgo como precedente estaría en la jurisprudencia aplicada a los múltiples y abrumadoramente mayoritarios casos del hombre estándar; aquel que fracasa en su matrimonio y se encuentra con el varapalo continuado e instituido que da pábulo al chiste de la barbi divorciada.

Según el espíritu de la sentencia del Supremo, a partir de ahora, todas las mujeres que no tengan trabajo fuera de casa, podrían exigir a su marido un sueldo mensual de 600 €, sin perjuicio de que tras divorciarse tuviera también que recibir pensión etc., como correspondería a un matrimonio normal compensatoria, alimentos para los hijos y gozar del usufructo de su vivienda. Pero, una vez definido en euros el valor del ama de casa, no parece demasiado justa una carga tan onerosa, capaz de destruir irreversiblemente el resto de la vida del marido normal pero divorciado. Una vez establecida y reconocida la entidad material de la esposa en casa, debe encontrarse la solución compensadora mediante una medida viable que, indefectiblemente, debe ser a sumida por el Estado.

Una de las reivindicaciones del 15-M, dentro del contexto antiglobalización, junto a la regulación del masivo y actualmente gratuito flujo mundial de capitales, mediante la “Tasa Tobin” (teorizada por el premio Nobel James Tobin), figura en lugar preeminente la RBC, Renta Básica de Ciudadano, como un derecho por existir, no para existir. Con la misma filosofía deberá regularse la TD: Tasa Doméstica, a nivel mundial, como aplicación racional de una sentencia como la aquí comentada.

El contrapunto lo pone otra reciente decisión judicial, mediante la que se libera a un marido de seguir pagando la pensión compensatoria a su ex esposa porque ella lleva 8 años sin dar un palo al agua, ni intención de darlo. Es que tiene que haber de todo…

En fin. ¡Que difícil debe ser hacer de juez!

 

 

 

Carlos Castañosa

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