‘Hysteria’, un ensayo sobre la hipocresía

Hysteria

Hasta mediados del siglo XXI, la histeria estuvo reconocida como una enfermedad femenina. El ‘masaje  pélvico’ fue uno de los métodos utilizados para su control así como el origen de uno de los juguetes sexuales más comercializados de la historia.

Podría decirse, sin pudores, que la película dirigida por Tanya WexlerBall in te house– está llena de ‘buenas vibraciones’. Esta comedia romántica ambientada en el Londres de finales del siglo XIX es una crítica a la falsa moral de la época que, sin llegar a sacarnos los colores, utiliza como recurso nada más y nada menos que la invención del vibrador.

Hysteria es una película sobre mujeres insatisfechas en todos los aspectos de su vida. La parte sexual es claramente uno de ellos, pero en realidad no es más que una vía de escape a tantas otras frustraciones provocadas por su papel secundario en la sociedad. Esta situación de ‘mujeres florero’ es la que en el trasfondo de sus conciencias –con independencia de la clase social a la que pertenezcan- termina exteriorizándose en una serie de síntomas que le Medicina catalogó como ‘histeria femenina’: irritabilidad, insomnio, nerviosismo…

En medio de esta ‘histeria’ por el estudio de la histeria como patología, se ‘descubre’ que la estimulación sexual ayuda a reducir todos esos síntomas que manifiestan las pacientes que sufren esta ‘enfermedad’. El joven médico Joseph Mortimer –Hugh Dancy, Adam– empieza a trabajar en la consulta de un afamado doctor –Jonathan Pryce, Piratas del Caribe– que trata esta enfermedad a través de ‘paroxismo histérico’, una forma un tanto rebuscada de referirse al orgasmo. Durante su colaboración con el doctor, Mortimer descubrirá que su cometido como médico va más allá satisfacer las necesidades de mujeres acomodadas y deberá tomar una decisión acerca de cuáles son sus responsabilidades. La invención del vibrador eléctrico y su posterior comercialización como instrumento terapéutico le facilitarán la elección final sobre cuál es la vida que verdaderamente quiere llevar.

A pesar del peculiar trasfondo de la trama –que no deja de ser una historia de amor-, Hysteria no es una película irreverente ni busca la provocación, algo en lo que hubiera sido sencillo caer. Es más una crítica social y un alegato en defensa de los derechos de la mujer en una época en la que sus vidas –incluso en la intimidad- estaban supeditadas a los deseos del hombre.

 

Celina Ranz Santana

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