Huellas que no desaparecen

Maurice MasseEl caso del agricultor Maurice Masse es uno de los más conocidos en el ámbito de la ufología en la segunda mitad del siglo XX. Corría el año 1965 cuando, en la madrugada del 1 de julio, Masse declaró haber tenido contacto con seres procedentes de otro planeta.

El encuentro se produjo en sus terrenos de Valensole, una población al sureste de Francia famosa por sus viñedos. Hacia las seis de la madrugada, aproximadamente, cuando Masse se encontraba en la finca, éste oye una especie de silbido de origen desconocido. Si el ruido le resultó desconcertante, más aún lo fue encontrarse con una especie de vehículo en mitad de sus cultivos, con la apariencia de un coche pequeño, ovalado como un balón de rugby y con una compuerta abierta por la que se distinguían dos siluetas humanoides.

Los extraños visitantes se habían apeado de su vehículo y transitaban lentamente por el terreno observando con detenimiento la finca –un extenso campo de lavanda- y comunicándose entre ellos en un lenguaje indescifrable. En su declaración a las autoridades locales, Masse afirmó que aquellos dos humanoides no eran más grandes que un niño, que vestían con una sola prenda verde y gris que les cubría todo el cuerpo y que su piel era blanca y sin pelo. La cara era angulosa, con ojos alargados y la boca sin labios.

Al percatarse de la presencia del atónito Masse, que había permanecido inalterable observando la surrealista escena, uno de ellos apuntó al agricultor con un cilindro del que hizo salir un haz de luz que paralizó a Masse. Los humanoides continuaron con su trabajo de observación seguros de que el agricultor no alertaría a nadie más porque no podía moverse, aunque pudo seguir con detalle los movimientos de los visitantes hasta que volvieron a su vehículo y desaparecieron del lugar.

Quince minutos después Masse recuperó la movilidad y se puso en contacto con las autoridades locales, el alcalde y la gendarmería para relatar lo sucedido aquella madrugada. La finca fue investigada meticulosamente y en varias ocasiones. En el lugar en el que supuestamente se había posado el vehículo de los humanoides había una huella de aproximadamente un metro de diámetro en cuyo centro se podría apreciar una segunda hendidura de 30 centímetros de profundidad y 15 de diámetro. Desde esta huella hacia el exterior había otras cuatro hendiduras, formando una X, de dos metros de longitud y 25 centímetros de profundidad. Además, alrededor de estas marcas el terreno estaba húmedo, a pesar de que no había llovido durante meses.

Pero lo verdaderamente sorprendente, tal como constataría con posterioridad un grupo de investigación del GEPAN (Grupo de Estudios de Fenómenos Aéreos) es que en el terreno no volvió a crecer vegetación, como si una extraña radiación hubiera contaminado aquella zona haciendo que las huellas permanecieran allí durante mucho tiempo, imborrables. Por su parte, Masse declaró que a raíz del incidente había padecido problemas de salud de diversa índole, que sufría jaquecas y que durante semanas se sintió incapaz de permanecer despierto más de cuatro horas seguidas.

 

 

 

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