Huelga de celo

Recientemente la compañía de aviación Ryanair ha hecho pública su decisión de solicitar a la Autoridad de Aviación Irlandesa que la autorice para vender billetes de pie a aquellos pasajeros que estén dispuestos a volar de esta manera en vuelos de corto recorrido. Nuestro experto en aviación, Carlos Castañosa, comenta la noticia.

 

Huelga de celo. Es decir, trabajo a reglamento. O sea, hago exacta y precisamente lo que tengo que hacer, y ni un pequeño esfuerzo para tirar del carro… Todo por culpa de los malditos gestores de siempre, que no tienen ni puta idea de aviación, que tienen enfilados a quienes volamos y se cargan la operación segura, puntual y eficiente en favor de una economía mezquina de números negros con muchos ceros detrás… a costa de lo que sea…

Volar así era desagradable, antinatural y agotador… La angustia de trabajar en condiciones tan reivindicativas como ingratas, destrozaba la moral y la salud… Dormía fatal, con pesadillas que nunca tenía… Una de ellas se repitió ayer, después de veinte años, ya en mi avanzado estado mi jubilación.

Me tocaba pilotar un avión muy grande, que tenía un volante con bocina en el centro y los intermitentes donde las luces de cruce, una palanca de cambio con cinco velocidades (sin marcha atrás) y el freno de mano, como el falo de un burro bien dotado. Las azafatas venían vestidas de majoretes, pero tenían las piernas arqueadas y las rodillas al revés, con la rótula hacia atrás. El copiloto iba con traje de luces marcando paquete. Los pasajeros se sentaban en sillitas plegables de playa y tenían que soltar su cinturón para pasarlo por detrás del respaldo y volver a abrocharlo… Había en las alas unos agujeros en los que poder encajar más sillas en caso de overbooking. Las ventanillas se abrían con una manivela. Había barras en el techo para poder ir de pie. El toilet, para ganar espacio, no tenía paredes, era solo una taza, al aire libre, sin lavabo ni nada… Había que pagar un euro por las aguas menores y dos por las mayores… incluida la tripulación… Sólo tenía un motor en el lado derecho… Era para ahorrar combustible… Presa del pánico, me negué a volar y vino el director de operaciones con mi finiquito… Y me desperté… Y vuelvo a despertarme al cabo de veinte años, y lo primero que me encuentro es el artículo de Ryanair junto a mi taza de café… No tengo más remedio que sentirme culpable de haberle trasfundido a este descerebrado, con mi capacidad telepática sin controlar, el argumento de mi pesadilla…

 

 

 

Carlos Castañosa, piloto retirado

 

 

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