H.P.Lovecraft, las tinieblas de la mente

H.P. Lovecraft“Ni la muerte, ni la fatalidad, ni la ansiedad, pueden producir la insoportable desesperación que resulta de perder la propia identidad” – A través de las puertas de la llave de plata

Terror mezclado con ciencia ficción, ésta es la receta de los textos que catapultaron a la fama a Howard Phillips Lovecraft, el creador de una corriente literaria conocida como “terror cósmico”, que supera los elementos tradicionales del género tales como los fantasmas, apariciones y demonios. Pero, al igual que sus textos, la vida de Lovecraft también tiene partes muy oscuras, como su manifiesto sentimiento racista o su menos acentuada tendencia a la misoginia.

Lovecraft nació en Rhode Island –EE.UU- el 20 de agosto de 1890. Fue criado por su madre, sus tías y su abuelo materno, ya que su padre falleció cuando él tenía tres años debido a una crisis nerviosa que le obligó a permanecer ingresado en el Centro Psiquiátrico de Providence donde finalmente fallecería como consecuencia de la neurosífilis. Recibió la educación típica de un muchacho de clase media – alta de la época, destacando en la escuela por sus conocimientos sobre química y astronomía, su apetito voraz por la lectura y su capacidad inventiva. Probablemente Lovecraft se hubiera convertido en un gran astrónomo de no haber sido por el repentino fallecimiento de su abuelo, algo que le afectó hasta el punto de barajar la posibilidad del suicidio y que le incapacitó para la obtención de su título de Bachiller.

Pero el escepticismo de esa mente científica que había desarrollado y su capacidad analítica, fueron canalizados no a través de la astronomía sino de la literatura.

Comenzó escribiendo relatos de ficción y colaborando puntualmente con algunas publicaciones del estado, y se mostraba muy crítico en sus opiniones acerca de los tintes que estaba adquiriendo la literatura de la época.

Tras la muerte de su madre –a la que muchos biógrafos atribuyen los peculiares comportamientos del escritor- Lovecraft se traslada a Nueva York donde contrae matrimonio con Sonia Greene, una comerciante a la que las tías del joven nunca vieron con buenos ojos por pertenecer a otro estatus social. En la ciudad comenzaron las dificultades económicas de la pareja, que tuvo que trasladarse a la zona de Brookling, habitada mayoritariamente por inmigrantes. Lovecraft atribuía su incapacidad para encontrar un trabajo fijo a la presencia de estos colectivos, por lo que a su aversión a la gran ciudad se fue uniendo un creciente sentimiento xenófobo. Finalmente y, acaso debido a las presiones económicas, la pareja terminaría divorciándose.

Lovecraft decide regresar a Rhode Island con sus tías y, aunque como escritor serían sus años más fructíferos, en lo personal, aquel ambiente opresivo de provincia le contagiará de temores y fracasos existenciales de los que nunca se recuperará. Lovecraft se convierte en un ser solitario y taciturno, que a pesar de mantener una intensa correspondencia con jóvenes escritores y personalidades de la época, parece haberse perdido de la realidad en uno de sus tenebrosos mundos inventados.

Tampoco en lo económico consigue remontar el vuelo, y los últimos años de su vida los pasa con una de sus tías en una habitación de alquiler. La desnutrición y su frágil estado de salud terminarán pasándole factura. Fallece a los 47 años de edad como consecuencia de una enfermedad tumoral intestinal y es enterrado en el panteón de su abuelo materno donde, muchos años después de su muerte, un grupo de aficionados a susobra colocó una lápida en la que se puede leer una cita extraída de La llamada de Cthulhu: “No está muerto lo que puede yacer eternamente, y con extraños eones incluso la muerte puede morir”.

 

 

 

 

 

 

 

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